“Y aún si el Señor no lo hiciera”

_Y aún si el Señor no lo hiciera_

 

Esta es la historia de tres jóvenes que no se dejaron doblegar por la cultura y las costumbres de su época. Veamos qué pasó. 

La política imperialista expansionista no es nueva, es la historia de la humanidad. Países poderosos invadiendo países más pequeños e indefensos siempre ocurrieron. Las invasiones incluían la destrucción de edificios, la matanza de gente, la expropiación de tierras y la imposición del terror como manera de gobernar las nuevas tierras conquistadas. Con la invasión de los países también se invadía la cultura del país vencido. Se cambiaban las costumbres, se imponían sus dioses y creencias y se imponía su idioma. 

Eso fue lo que sucedió cuando el Impero Persa Invadió Israel. 

La Biblia nos dice que llegaron a la ciudad de Jerusalén y la sitiaron, la rodearon hasta que cayó. Se llevaron a Persia los objetos sagrados del templo, todo lo que tenía valor y se llevaron también a los jóvenes más capaces para entrenarlos en la cultura persa. 

La historia dice que alrededor de 6000 jóvenes fueron llevados cautivos a Babilonia para ponerlos bajo un programa de entrenamiento y adoctrinamiento. Los separaron de sus familias y de todo lo que les resultaba familiar para reprogramarlos a la cultura persa. La reprogramación de los jóvenes incluía que olvidaran toda su educación anterior para adoptar toda la cultura persa y olvidaran al Dios en el que habían creído. Los jóvenes que nombra la Biblia, Daniel, Sadrac, Mesac y Abed Nego, eran adolescentes cuando fueron llevados cautivos. 

Un día, el Rey de Babilonia, Nabucodonosor tuvo la idea de hacerse una estatua de 30 metros de alto para que todos la adorasen. Así lo cuenta la Biblia: 

Dan 3:1   El rey Nabucodonosor mandó hacer una estatua de oro, de veintisiete metros de alto por dos metros y medio de ancho, y mandó que la colocaran en los llanos de Dura, en la provincia de Babilonia. 4  Entonces los heraldos proclamaron a voz en cuello: «A ustedes, pueblos, naciones y gente de toda lengua, se les ordena lo siguiente:  5  Tan pronto como escuchen la música de trompetas, flautas, cítaras, liras, arpas, zampoñas y otros instrumentos musicales, deberán inclinarse y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha construido.  6  Todo el que no se incline ante ella ni la adore será arrojado de inmediato a un horno en llamas.»  

Pero, los tres jóvenes judíos no quisieron adorar la estatua del rey y se enteraron los funcionarios del gobierno y los denunciaron ante Nabucodonosor. Entonces el Rey los llamó y les dijo: 

Daniel 3:14  les preguntó: –¿Es verdad que vosotros no adoráis a mis dioses ni a la estatua de oro que yo he mandado hacer?  15  ¿Estáis dispuestos, tan pronto como oigáis la música, a inclinaros ante la estatua que yo he mandado hacer, y adorarla? Porque si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente a un horno encendido, y ¿qué dios podrá entonces salvaros? 16  –No tenemos por qué discutir este asunto –contestaron los tres jóvenes–.  17  Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que Su Majestad quiere hacernos. Y nos librará.  18  Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro.

Me encanta esta última frase: “pero aun si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro”. 

Algunos pueden decir que esta historia es muy antigua y que hoy no ocurren estas cosas. Bueno, déjenme decirles que es todo lo contrario. El espíritu de Babilonia sigue actuando hoy igual. Tiene atrapados a los jóvenes y quiere cambiar su cultura, sus creencias, sus costumbres. Lo hace también a través de la música, como lo hizo el rey Nabucodonosor. Hay presión sobre nuestros jóvenes para que dejen de adorar a Dios y adoren la estatua. Hoy no hay estatuas de 30 metro de altura como la que se hizo hacer el rey, pero hay otros ídolos, como el deporte, los influencers de las redes, la pornografía, el placer, la política, las series, las películas, la moda, música, éxito. Nosotros vivimos en Babilonia y Babilonia quiere que nos arrodillemos y adoremos sus ídolos. 

Algunas de las cosas que nombré NO son malas en sí mismas. Pero cuando alguna de ellas es tan importante que me separa de la comunión con Dios, entonces se transforma en un ídolo, en un dios para mí. ¿Qué es un dios? Algo a lo que le dedico mi mente, mi físico y mi corazón. No se puede servir a dos señores dijo Jesús, porque amarás a uno y aborrecerás al otro. Cuando le dijimos que sí a Jesús le dijimos no a muchas cosas de este mundo. 

SEREMOS TENTADOS A POSTRARNOS Y ADORAR OTROS DIOSES

 pero aprendamos de estos tres jóvenes que dijeron: “No vamos a discutir con usted este asunto. Dios nos puede salvar y nos salvará. Pero aún si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro.” 

Estos jóvenes estaban en Babilonia pero Babilonia no estaba en ellos. Ellos eran diferentes para hacer una diferencia. Si nosotros no hacemos la diferencia, quién lo va a hacer. Debemos orar para que nuestros jóvenes sean líderes y no sean quienes son arrastrados por la corriente. Los líderes siempre van contra la corriente, no a favor de ella. 

A estos jóvenes le cambiaron la residencia, le cambiaron las vestiduras, les cambiaron la dieta y hasta le cambiaron sus nombres, pero no le cambiaron la devoción que tenían con Dios. No tienes por qué arrodillarte ante las presiones de este mundo. Dios puso un espíritu diferente en ti y es el Espíritu de Dios, poder de Dios, unción de Dios para ser diferente. La gente no va a asistir a nuestras iglesias si ve que los cristianos se comportan igual que todo el mundo. 

Estos jóvenes dejaron sus hogares, pero lo que aprendieron en sus hogares nunca los dejó. 

Cuando el rey les dio una nueva oportunidad para que se postraran y adoraran su estatua, y noten que el diablo siempre va a dejar una puerta abierta para que vuelvas a arrodillarte ante este mundo y sus ídolos, ellos respondieron: 

“No vamos a discutir con usted este asunto. Dios nos puede salvar y nos salvará. Pero aún si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro.”

NUESTRA FE SERÁ PROBADA

Yo noto aquí tres tipos de fe: 

  1. Dios nos puede salvar

Este tipo de fe es la del que está convencido del poder de Dios porque lo ha leído en la Biblia. Sabe que Dios es creador, que él nos puede librar del poder del enemigo, que es nuestro proveedor, que nos sana, que nos libera. Es el tipo de fe que se basa en el conocimiento más que en la experiencia. 

Sabe que en tiempo de la prueba Dios es capaz de librarlo, es capaz de rescatarlo. Su frase es: Dios puede. 

2. Dios lo hará. 

Esta segunda clase de fe es la que se anima a pronunciar palabras de fe. Ha pasado del conocimiento a la declaración profética. Demuestra el carácter de Dios que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran. 

Se anima en fe a ser optimista cuando todos son pesimistas. Se anima contra toda esperanza y espera con fe el milagro. Y reciben el milagro porque actúan con fe. Su frase es: Dios lo va a hacer. 

3. Y aun si no lo hiciera

Esta es la fe que se somete a la soberanía de Dios. Es la fe que dice “pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. “Señor, si lo que te pido no es lo que tenías planeado para mí, cancela mi petición.” 

Es la fe de Job que dijo frente a sus acusadores: 

Job 13:13  »Ahora quédense en silencio y déjenme en paz. Permítanme hablar y afrontaré las consecuencias.  14  Así es, me jugaré la vida y diré lo que realmente pienso.  15  Dios podría matarme, pero es mi única esperanza; voy a presentar mi caso ante él.  

Jesús sabía que el Padre lo podía librar de aquella muerte horrenda en la cruz pero también sabía que no lo iba a hacer por el bien de millones de personas entre las que estamos tu y yo. 

SI él hace lo que le pedimos, ÉL es Dios. Pero aún si no lo hace, Él es Dios. Esa clase de fe que se somete a la soberanía de Dios es la que prevalece frente al enemigo que quiere que le adoremos o suframos las consecuencias. 

Aquellos tres jóvenes no se arrodillaron al escuchar los instrumentos musicales y fueron arrojados al horno de fuego. Allí dentro Dios mismo los visitó y el fuego nos los dañó. Cantaban canciones de alabanza a Dios y elevaban gratitudes por su gran poder. Cuando Nabucodonosor observó que no eran tres sino cuatro los hombres adentro del horno ardiente de fuego, se conmovió y se asustó porque el cuarto hombre tenía la apariencia de un dios. 

Cuando los hicieron sacar del horno, ni siquiera tenían olor a humo. 

Toda Babilonia conoció al Dios de Sadrac, Mesac y Abed Nego. Los funcionarios que los habían acusado con malicia porque les tenía envidia, fueron arrojados al horno de fuego donde murieron y a ellos tres los promovieron a cargos mucho más altos de los que tenían. 

Nabucodonosor decretó que todas las provincias de Babilonia adoraran al único Dios verdadero, o sea, se produjo un avivamiento sin precedentes por el testimonio de estos tres chicos. 

¿Y tu? ¿Qué esperas para enfrentar esa tentación en oración, para enfrentar ese vicio en clamor a Dios para decirle “no me arrodillaré ante ti, yo estoy encima y no debajo?”. ¿Qué esperas para hacer una diferencia y decirle al tentador: Dios me librará de tu mano, y aun si no lo hace, no te adoraré, ¿aunque me cueste la vida?

Hoy necesitamos hombres y mujeres de fe que sepan que serán tentados, que su fe va a ser probada y que van a salir victoriosos.

¿Has visto a mi padre? (En un mundo sin padres, hay un Padre para el mundo)

Cuando nacemos, venimos a este mundo sin terminar. Dios le da al ser humano un papá y una mamá para que ellos lo formen para la vida.

Cuando por alguna razón el papá o la mamá están ausentes, se produce una carencia afectiva que es muy difícil de reemplazar.

A veces los papás están presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente. No hay contacto estrecho, abrazos, juegos, palabras de cariño, de afirmación.

La primera y segunda guerra mundial dejó sin padres a Europa y América. Millones murieron dejando huérfanos de padre a una generación entera.

Las consecuencias de eso se vieron en los años 50, 60 y 70 cuando la juventud se reveló contra la sociedad.

En realidad, fue un grito inmenso de una generación sin padres.

Otra guerra está dejando al mundo sin padres en el día de hoy y es la guerra por subsistir económicamente. Los chicos quedan solos en la casa mucho tiempo porque los padres tienen que salir a trabajar. Ese tiempo sin papá y mamá no se recupera más. Muchísimos de esos chicos hoy son adolescentes con problemas de autoestima, no encuentran su destino, no saben qué estudiar y su refugio emocional está en las drogas o el alcohol.

Hay una necesidad inmensa de un padre que llene el vacío que dejó su ausencia. Es como ver a un niño preguntando: “¿Has visto a mi papá?”

Un Padre para el mundo

La historia de los dioses de la humanidad es muy interesante.

Todos ellos tenían alguna característica especial y cada uno tenía alguna debilidad.

Su carácter era muy cambiante y podían volverse muy agresivos y vengativos, así que había que tener cuidado con ellos.

EL padre de Zeus, uno de los dioses griegos que todavía se adora en Grecia, se comía a sus hijos porque no quería que alguno de ellos fuera mejor que él. La mitología dice que la madre de Zeus lo escondió para que su padre no se lo comiera.

Más adelante, Zeus se peleó con su padre y le dio muerte.

Cada uno de esos dioses se encargaba de algún aspecto de las necesidades humanas. Había dioses para las cosechas, para la siembra, para el amor, para la fertilidad, para calmar las tormentas, para los mares, para la sabiduría, etc.

Ninguno de ellos adoptó la figura de Padre amoroso, compasivo, fiel, protector, como lo hizo nuestro Dios. Por eso el Señor está tan lejos de todos los dioses de la historia porque el nos dio todo, hasta su propio hijo por nosotros.

Dios decidió ser padre de la humanidad.

En un mundo sin padres, hay un Padre para el mundo.

La escritura nos dice en Salmos 18:30 que los caminos de Dios son perfectos, que Él es un Dios fiel que no hace daño y que es justo y verdadero (Deuteronomio 32:4). Todas estas características y muchas más lo convierten en el padre perfecto que quizás nunca tuviste.

Si no tuviste un padre al cual te fuera fácil acercarte, o un padre amoroso, te quiero decir que Dios es todo eso y mucho más. Él es tu Padre Celestial y su deseo es acercarse y estar siempre presente en la vida de sus hijos.

Veamos algunas cualidades de nuestro Padre Celestial.

1. Su paciencia y bondad nunca se acaban

Si alguna vez sentiste que a tu padre se le acabo la paciencia por las cosas que hacías o no hacías, no te preocupes, la gracia, paciencia y bondad de Dios son infinitas.

EL Salmo 103:17 dice: “Mas la misericordia del SEÑOR es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos” y en el Salmo 106:1 podemos leer: “¡Aleluya! Dad gracias al SEÑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.”

Esto significa que no solamente la bondad y paciencia de Dios son eternas, sino que también es eterna capacidad de perdonar. El Salmo 103:12 nos asegura que: “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.” Esto quiere decir que tu Padre Celestial jamás, jamás usara tu pasado en tu contra.

2.     Siempre puedes acercarte a Él

Dios nunca tiene un día malo, nunca está de mal humor y nunca está demasiado distraído o lejos para atender a sus hijos. Cuando estas en una relación con el hijo de Dios, Jesucristo, tienes completo y total acceso al corazón del Padre Celestial. En Hebreos 4:16 podemos leer “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”

3.     Jamás tendrás que ganarte su amor       

Puede ser que en algún punto sentiste que tendrías que ganarte el amor y la aprobación de tu padre por medio de logros que lo orgullecieran. La verdad que Dios no es así. En Romanos 5:8 encontramos que dice “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Siendo aún pecadores, esto quiere decir mientras estábamos en contra de su voluntad, que estábamos en desobediencia, que hicimos a un lado su amor y confianza en nosotros, y aun así nos amó hasta lo último de su vida. Un amor como el de Dios jamás encontraremos en esta tierra.

Dios decidió amarte por siempre y no hay nada que puedas hacer que pueda cambiar esa realidad y amor.

4. Jamás te equivocarás tanto como para que Dios deje de amarte  

Ya que no hay nada que puedas hacer para ganar el amor de tu Padre Celestial, tampoco hay nada que puedas hacer para perderlo. Dios te ha regalado su amor infinito. Romanos 8:38-39 nos recuerda “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

En otras palabras, no existe ninguna circunstancia, visible o invisible, poder, persona, acción, inercia, o estancamiento que nos pueda separar del amor de Dios. Esto es una poderosas verdad. Una promesa que solo tu Padre Celestial tiene el poder de cumplir. Cualquier persona en este mundo que diga amarte por siempre y nunca dejarte tendrá momentos de separación al menos temporales de ti. Pero la palabra de Dios promete que nunca ni siquiera la muerte podrá separarnos de su inmenso amor

5. El quiere darte lo mejor

si tu padre siempre estuvo atento a tus necesidades como una prioridad, tienes que saber que has podido experimentar una pequeña parte de lo que Dios hace por nosotros siempre. La diferencia está en que Dios nunca va a fallar y un padre terrenal por muy bien intencionado que sea jamás podrá ser perfecto. El libro de Romanos 8:32 nos enseña “El que no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?”

De la misma manera vemos en Mateo 7:11 que Jesús nos dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? Dios sabe exactamente lo que necesitas y lo que quieres y en su infinito amor y sabiduría siempre nos enseña el camino, la respuesta y las cosas que son buenas para nosotros, aunque no sea siempre lo que nosotros queremos, Dios tiene la razón.

6. Te ama lo suficiente para disciplinarte

Puede que te cueste trabajo entender este punto, especialmente su alguna vez fuiste disciplinada por tu padre con enojo en vez de con amor.

La Palabra de Dios dice en Proverbios 3:11-12 “Hijo mío, no rechaces la disciplina del SEÑOR ni aborrezcas su reprensión, porque el SEÑOR a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita.”

Confía que Dios tu Padre Celestial te protege e instruye con cada una de sus palabras y disciplinas.

7.  Su tiempo es perfecto

Dios no comete errores y tampoco olvida sus promesas. A diferencia de los padres humanos, su tiempo siempre es perfecto, cuando pone algo en espera no es porque este enojado o porque te quiera castigar, tampoco quiere decir que no ha escuchado tus oraciones, muy por el contrario, en la escritura podemos ver que “Porque sol y escudo es el SEÑOR Dios; gracia y gloria da el SEÑOR; no le niega nada bueno a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).

Si sientes que has estado haciendo todo bien pidiéndole algo a Dios sin encontrar respuesta, hay una razón legítima: o puede que no sea de verdad algo bueno para ti, o el tiempo no es el indicado. Confía en Él. Confía en lo que Él sabe. Él sabe dar buenos regalos a aquellos que esperan con paciencia en su voluntad.  

8. Te conoce íntimamente

Es una de las necesidades más profundas de la raza humana, ser conocidos íntimamente. Aun así, a veces escondemos quienes somo en verdad ya sea por miedo al rechazo o por vergüenza o por inseguridad. Pero no importa qué hagamos para escondernos, la Biblia nos dice que Dios nos creó y nos conoce íntimamente.

El Salmo 139:1-3 nos dice “Oh SEÑOR, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos.”  Dios ya conoce tus pensamientos aun antes de que tú mismo los tengas, tus palabras antes de decirlas y tus acciones antes de cometerlas. Aun con todo esto, Dios anhela estar contigo y dejar que tú lo conozcas a Él con la misma intimidad. Dios te ama como el Padre Perfecto que es.

Por último, Dios es Padre de sus hijos.

Parece una redundancia, pero Dios es padre solo de los que han ingresado en su familia voluntariamente. No todos son hijos de Dios sino los que han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Eso se hace por la fe y con una oración de entrega al Señor.

Dice la Biblia en Juan 1:11-12 “Jesús vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.”

Recibir a Jesús en el corazón es un acto de fe en el cual entregamos toda nuestra vida a Él para que Él haga de nuestras vidas algo nuevo.

Si tú quieres recibir a Jesús en tu corazón puedes hacer la siguiente oración:

“Señor Jesús, gracias porque me amas y entiendo que te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Ocupa el trono de mi vida y hazme la persona que tú quieres que sea. Perdona todos mis pecados. Gracias por escucharme y por entrar en mi vida. Amén.”

Si has hecho esta oración con sinceridad, Jesús está ahora en tu vida. Hay una promesa en la Biblia que dice: “Si alguno se une a Cristo, es una nueva criatura. las cosas viejas pasaron y ahora todas son hechas nuevas.” 2Corintios 5:17

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Escuela de vida: Cómo controlar mi percepción de la realidad.

LA PERCEPCIÓN

La percepción es un proceso de toma de información del exterior para organizarla de forma significativa en nuestro interior y así aprender del mundo que nos rodea.

Siempre estamos percibiendo lo que nos pasa. Es un proceso automático de nuestra mente, pero cuando le prestamos atención a la manera cómo percibimos lo que nos pasa, aprendemos de nosotros mismos para corregir esa manera si es necesario.

Este artículo trata de explicar lo que hacemos automáticamente sin darnos cuenta conscientemente.

PROCESOS DE ORGANIZACIÓN INTERIOR

Nuestra mente selecciona, organiza e interpreta la información captada por nuestros sentidos y por el ambiente que nos rodea. Según lo que percibimos, nuestros sentidos crean sensaciones y éstas crean estados de ánimo.

La percepción, entonces, no es la realidad, sino la manera en que vemos nuestra realidad.

Las sensaciones resultantes de la percepción pueden ser reales o irreales. Pero ¿cómo saber si es una u otra?

Para eso deberíamos tener parámetros o una guía que nos indique si las sensaciones son correctas o equivocadas.

Para mayor claridad, veamos cómo actúa nuestra mente por medio de estos gráficos.

En este primer gráfico vemos seis figuras desordenadas. Lo que percibimos es eso. Seis figuras sobre un fondo color blanco.

En este gráfico las figuras están ordenadas de forma simétrica y ya nuestra mente las organiza de tal manera que vemos dos triángulos y tres círculos. Parece que hay un triángulo de líneas negras y tres círculos y encima de éstos un triángulo sin líneas. ¿Es real esto? No. No hay triángulos. Nuestra mente los genera para organizarlos.

Como ejemplo de selección, veamos el siguiente gráfico.

Aquí vemos muchos números revueltos y una figura que parece un árbol con frutas y hojas. Si nos concentramos buscamos el número seis, el cerebro lo encontrará y lo enfocará y todo lo demás se vuelve fondo.

Veamos ahora el árbol con frutos y hojas. Si lo encontraste, tu cerebro hace lo siguiente: La mente lo destaca y lo separa del fondo.

Luego lo rodea con un contorno

Finalmente lo define y lo hace notorio.

Una mujer salía del supermercado y escuchó un ruido fuerte como si fuera un disparo. Inmediatamente sintió un golpe en la cabeza y pensó que el disparo le había dado a ella. Se llevó la mano a la parte de atrás de la cabeza y percibió algo blando que ella pensó que era su cerebro salíendose. Subió a su auto y llorando pensó que se moría. Un policía observó la escena y se acercó a ver qué pasaba. La mujer le dijo que le habían disparado y que estaba sosteniendo su cerebro con la mano. Cuando el policía la revisó vio que lo que había sucedido es que cerca de ella había explotado una lata de choclos y una parte le había llegado a la cabeza. Lo que ella percibió le produjo un montón de sensaciones negativas que ella sentía como verdad. Pero la verdad era otra.

FRASES QUE SE DICEN CON RESPECTO A LA VERDAD

Nadie tiene la verdad, La única verdad es la realidad, Mi verdad es la única que escucho.

Jesús dijo: “yo soy la verdad”. Cuando recurrimos al Señor, él nos puede mostrar lo que verdaderamente es la realidad de lo que nos pasa. ¿Cómo lo hace? Por medio del Espíritu Santo que está en nosotros.

Jesús nos aseguró que el Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad. El Espíritu santo hace que prestemos atención a las sensaciones que me producen algunos acontecimientos. Luego el Espíritu Santo nos estimula la memoria para que recordemos las sensaciones similares que tuvimos en el pasado. Por último, nos revela la verdad con una nueva sensación, la de la seguridad de que Dios está en el control de todo.

Todos sabemos que esto es una lucha interior, pero hay maneras de vencer y eso lo veremos en el próximo encuentro de la Escuela de vida.

Quizás el Señor…

Hoy quiero hablarte de personas comunes haciendo cosas inexplicables.

En la historia de la humanidad brillan personas que hicieron cosas extraordinarias. Fueron personas que se destacaron por su inteligencia, coraje, preparación y disciplina.

En la Biblia hay personajes que brillan de una manera especial. Muchos de ellos no calificaban para héroes porque eran gente común y corriente como vos y yo. Pero Dios es especialista en usar personas ordinarias para cosas extraordinarias.

Esta es la historia de gente común haciendo cosas extraordinarias para la gloria de Dios.

¿Quieres escucharla? Seguramente va a ser un antes y un después de esta palabra para tu vida. ¿Estás preparado? Vamos.

OTRA VEZ EN CONFLICTO

Israel estaba otra vez en conflicto con los filisteos. Otra vez. Parece que la historia de Israel girara siempre alrededor del conflicto con el mismo país siempre.

¿No te pasa que vez tras vez aparece siempre le mismo conflicto con las mismas personas, con ese mismo vicio, con esa misma enfermedad siempre? Es cansador. Diga conmigo ahora: “es cansador”. Siempre lo mismo y sin la victoria que estoy esperando. Es cansador. Parece que no tenemos herramientas ni armas para enfrentar ese problema.

Dice la historia que en esta época Israel tenía solo 600 soldados y dos espadas. ¡Dos espadas para 600 soldados! Una la tenía el Rey Saúl y la otra su hijo Jonatán. Los demás solo tenían elementos rurales como azadas, palos, rastrillos para luchar.

Los filisteos hicieron una tarea de inteligencia que les llevó meses. Hicieron desaparecer de a poco a los herreros del pueblo de Israel. Uno a uno iban desapareciendo los herreros.

¿Te enteraste?, decían. “Mataron a Jacob el herrero. A los pocos días: Mataron a José el otro herrero. Y unos días más tarde: otro herrero muerto. Esto no era casualidad, el enemigo se metió entre el pueblo para hacer desaparecer a los que podían fabricar armas de guerra, los herreros. Así dejó desarmados a los israelitas.

El enemigo te ha estado desarmando de a poco. Te ha dejado sin recursos emocionales y espirituales para batallar. Ha hecho una tarea de inteligencia infiltrándose con mentiras para derribar una por una tus convicciones de fe.

¿No parece que a veces no tenemos los elementos necesarios para hacer frente la situación que estamos pasando? Estoy peleando con un palo contra un ejército que tiene armas químicas, satélites, tanques y drones.

El contraste con el ejército filisteo era enorme. Del otro lado, ellos tenían cientos de carros de combate, armamento y miles de hombres dispuestos a luchar.

ME VOY A DORMIR

La historia cuenta en 1Samuel 14

1Sa 14:2  El Rey Saúl había acampado al extremo de una colina, estaba debajo de un granado, acompañado de una tropa formada por seiscientos hombres. 

Saúl era el rey de Israel en ese entonces. Frente a la situación tan despareja él y sus hombres con sentimientos de impotencia y sin armas se tiraron debajo de un árbol de granadas a dormir la siesta. Pero su hijo Jonatán dijo: “No podemos estar así. Hagamos algo”

1Sa 14:6  Y Jonatán dijo a su ayudante:
–Anda, vamos al otro lado, hasta donde se encuentra el destacamento de esos paganos. Quizá el Señor haga algo por nosotros, ya que para él no es difícil darnos la victoria con mucha gente o con poca. 7  –Haz todo lo que tengas en mente, que estoy dispuesto a apoyarte en tus propósitos –respondió su ayudante.  

¡Ahora mismo se está levantando una generación joven que está diciendo Vasta de esto! Hasta aquí llegué.

Aquí hay una persona que dice: ¡Ya es suficiente, vamos a hacer algo con esto! Vamos a buscar un poco de pelea. Quizás el Señor haga algo por nosotros. Él lo ha hecho antes y puede volver a hacerlo otra vez. No importa si somos muchos o pocos.

¿Hay alguien del otro lado que diga: ya es suficiente Voy a buscar algo de pelea? Voy a provocar un conflicto con mis enemigos.

Por naturaleza no nos gustan los conflictos. Preferimos no enfrentar la situación por miedo a la pelea con el enemigo. Pero cuántos saben que si seguimos haciendo siempre las mismas cosas nunca obtendremos un resultado diferente.

Puedes quedarte debajo de un árbol comiendo frutas, tirado en el sillón viendo series de Netflix o puedes levantarte a buscar algo de pelea, entrar al conflicto. Quizás el Señor haga algo por vos al verte en acción. ÉL lo ha hecho otras veces, así que lo hará otra vez.

Estamos tan acostumbrados a evitar los conflictos. ¿Cuántos recuerdan el tiempo que aprendieron a manejar un auto? Algunos eran adolescentes y cuando salían con tu papá a dar una vuelta, puedo escuchar que te decía: “andá despacio, no aceleres mucho, cuidado en las esquinas, mirá para todos lados”

Hubiera sido bueno que te diga: Bueno, querido, ya eres mayorcito y es hora de tomar un riesgo. No te preocupes, vas a salir bien, lo vas a hacer bien. Vé con confianza, Dios está contigo.

Cuando las cosas se ponen difíciles, es el tiempo de luchar con las armas de Dios. Puede ser que no tengas recursos humanos ni herramientas, pero Dios tiene todos los recursos que necesitas ahora.

Los que se arriesgan pueden fallar, pero aprenden, crecen y siguen adelante. El miedo a equivocarse nunca creó héroes de la fe. Solo alentó a cobardes y los cobardes no tienen lugar en el reino de Dios.

Su asistente le dijo: Estoy contigo, veo que eres un hombre de fe en Dios, te sigo con la mente y el corazón.

Tu actitud va a inspirar a otros. La gente no recuerda a los cobardes, recuerda a los valientes. No hay monumentos a los cobardes pero si a los atrevidos. Alguien está esperando en tu familia que des el próximo paso de fe y quieren seguirte. En tu matrimonio, tu esposa está esperando que tomes el riesgo de afrontar la situación matrimonial y traer una victoria al hogar. Tus hijos están esperando que les muestres el camino de la fe en Dios para seguir con sus vidas. ¡Hazlo ahora!

Jonatán le dijo a su encargado de armas:

1Sa 14:8  –Mira, vamos a pasar al otro lado, adonde están esos hombres, y dejaremos que nos vean.  9  Si nos dicen que esperemos a que bajen hasta donde estamos, nos quedaremos allí y no subiremos adonde ellos están.  10  Pero si nos dicen que subamos, lo haremos así, porque eso será una señal de que el Señor nos dará la victoria.

Básicamente Jonatán dijo: Vamos a pedirle a Dios una señal y haremos lo que el nos muestre. Vamos a provocar a estos tipos y veamos cómo reaccionan. Si nos dicen que subamos, subimos y peleamos. Si nos dicen que bajan, nos vamos.

Las señales de Dios son muy importantes cuando te atreves a buscar pelea con el enemigo. ÉL te mostrará el próximo paso, la estrategia, el modo de vencer.

La señal fue clara: Los filisteos les dijeron que suban y Jonatán y su sirviente subieron a pelear.

Dice el relato que Jonatán los hería y el escudero los remataba. Así vencieron sobre 20 hombres. Miren lo que dice la Biblia:

1Sa 14:14  En este primer ataque, Jonatán y su ayudante mataron a unos veinte hombres en un reducido espacio.  

Querido, querida, quizás tu primera victoria sea en un reducido espacio, quizás lo que consigas sea un terreno pequeño, pero Dios está observando tu fe para intervenir. Y dice la Biblia que a continuación Dios hizo entrar en pánico a los filisteos y envió un terremoto que los espantó y terminaron matándose unos a otros.

Jonatán dijo: Quizás el Señor nos ayude y la ayuda llegó del cielo.

Jonatán y su asistente del que no sabemos el nombre, una persona anónima, subieron la colina para enfrentar a todo un ejército y Dios les dio la victoria. Él lo hizo porque él quiere hacer cosas extraordinarias con gente ordinaria de tal manera que él se lleve toda la gloria.

Jonatán y su escudero tuvieron que pasar entre dos grandes rocas que formaban un desfiladero. Una roca se llamaba BRILLANTE y la otra se llamaba ESPINAS.

Si quieres brillar, vas a tener que pasar por el lugar de las espinas. Jesús brilla hoy y por la eternidad pero tuvo que pasar por la corona de espinas primero.

Jesús subió la colina del Gólgota con una cruz como única arma. Allí fue para conquistar un pequeño territorio al principio frente a miles de soldados romanos armados. Si recuerdan, ese lugar tembló ese día con un terremoto como en la batalla de Jonatán y millones fueron salvados. La confusión se apodero de todos los demonios del universo y la victoria fue de Jesús. Recuerda que la victoria siempre es tuya y la confusión es del enemigo. Aleluya!

Allí en esa cruz, estábamos tu y yo, personas anónimas, diciéndole al Señor como aquel escudero de Jonatán: estoy contigo Jesús, tienes mi alma y mi corazón, tienes mis pies y mis manos, mis labios y todo lo que soy. Te sigo.

¿Estás peleando siempre la misma batalla? ¿No estás cansado/a ya? Es tiempo de decir, voy a enfrentarlo en el espíritu, con las armas del Señor y quizás él me ayude y me de una victoria extraordinaria.

Quizás no tengas las herramientas, pero tienes al Señor. Entonces lo tienes todo.

¿Necesitas un cambio de corazón?

UN CAMBIO Y UN REGALO

Dios es bueno, siempre ha sido bueno y lo sigue siendo hoy, ¿no es verdad? No nos ha pagado por lo que merecíamos, sino que nos ha dado su gracia real.

La gracia es esa actitud que tienen los reyes para perdonar las deudas de alguien que no puede pagar. Se llama gracia porque no es por la buena conducta del deudor sino por la bondad del Rey. A veces se les llama a los reyes “su graciosa majestad” no porque sean graciosos de chistosos sino porque muestran gracia, favor, bondad y misericordia al pueblo. Dios ha tenido misericordia de nosotros una semana más. Gloria a Dios.

Hoy quiero celebrar junto con ustedes un acontecimiento que marcó la historia de la humanidad: la fiesta de Pentecostés.

Esta fiesta es muy importante para nosotros los cristianos porque marca el comienzo de la iglesia. No era una fiesta nueva cuando ocurrió. El pueblo de Israel la celebraba todos los años y se llamaba “la fiesta de las cosechas”. Era un tiempo de regocijo porque simbolizaba la alegría de recoger los frutos del esfuerzo y el trabajo duro del año.

Aquel día de Pentecostés del año 33 fue especial porque el Espíritu Santo descendió a la tierra para llenar los corazones de todos los que creen en Jesús como el Señor y Salvador.

Quisiera que prestes atención a esta charla porque seguramente te cambiará la vida. ¿Empezamos? ¡Vamos!

Antes de aquel día especial de Pentecostés, el Espíritu Santo trabajaba sobre la Tierra. Estuvo presente en la creación ordenando el caos que había antes que la tierra fuera habitada por el hombre.

Fue soplado sobre los primeros seres humanos y ellos fueron llamados “almas vivientes” desde ese momento.

Descendió sobre poderosos hombres de Dios como los profetas, sacerdotes y reyes de Israel. Los inspiró a escribir los libros que hoy tenemos en la Biblia y a profetizar las cosas que se fueron cumpliendo a lo largo de los siglos hasta hoy.

Pero Dios tenía en mente algo mayor: derramar de su Espíritu sobre toda la humanidad.

Así lo prometió a través del profeta Joel:

Joel 2:28   “Después de estas cosas derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad: sus hijos e hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes visiones.  

Tal cual es lo que ocurrió aquel Pentecostés que hoy celebramos.

El Espíritu Santo vino sobre gente común y corriente y los transformó en personas increíbles, poderosas, milagrosas. Los transformó en héroes de la fe. Los llenó de valentía y poder para sanar, liberar y hacer milagros. Les cambió el corazón y les dio de Su espíritu dentro de ellos para cumplir su promesa.

Jesús anunció la llegada del Espíritu Santo como una promesa del Padre.

Pedro, un pescador temeroso y cobarde fue transformado en el primer valiente predicador de la resurrección de Jesús el día de Pentecostés.

Él dijo: Hechos 2:32  Dios ha resucitado a Jesús, y de ello somos todos nosotros testigos.  33  Enaltecido y puesto por Dios a su mano derecha, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, el cual, a su vez, él repartió. Eso es lo que están viendo y oyendo. 

El Espíritu Santo fue una promesa: Jesús dijo: “es la promesa de mi Padre”

Dios mismo le había prometido a Jesús: “Hijo, cuando vuelvas triunfante de la Cruz y de la Muerte, te daré mi Espíritu para que lo derrames sobre toda la humanidad.”

¿Por qué prometería Dios eso? Porque ve la condición de la humanidad, que no quiere obedecer las leyes de Dios y tampoco puede.

Lo más cercano a una vida que agradara a Dios fue la religión y aún la religión no ha podido sacar la maldad de los corazones de la gente. Muchas veces la religión ha transformado a la gente en peores personas aún.

Vemos con mucha tristeza a los que dicen ser representantes de Dios o de una religión hacer cosas terribles en nombre de su dios.

Guerras interminables se han hecho por causa de la religión. Cada ejército decía estar luchando por dios. ¿quién tenía la razón? La religión se transformó en el factor más fuerte de división entre los seres humanos. 

¿Pero qué es la religión?

Es una serie de rituales y ceremonias que alguien adopta como un ejercicio espiritual. Es el intento del hombre de llegar a recibir las bendiciones de Dios con una buena conducta, con cumplir mandamientos, hacer penitencias, procesiones, sacrificios, rituales, etc.

¿La verdad? Ninguna de esas cosas crea un hombre o una mujer nuevos. Los hace sentir bien momentáneamente pero no les cambia la vida. La religión no cambia vidas. El Espíritu Santo sí. Por eso Dios quiso derramar su Espíritu sobre toda la humanidad, para cambiar esa historia de fracasos.

Hace unas semanas tuve que hacer el trámite on line para tener el permiso de circulación en este tiempo de cuarentena. Cuando miré en la lista de trabajadores esenciales había un apartado que decía: “se permitirá la circulación de los ministros de los diferentes cultos para brindar ayuda espiritual a los que necesiten”. Muy bien hasta ahí, pero cuando empecé a llenar los datos que me pedía, en el casillero de mi actividad tuve que poner “religioso” porque esa la única opción que había para describir mi tarea como pastor.

Para el gobierno y para mucha gente nosotros somos religiosos. Profesionales de la religión. Yo llené el formulario, no me voy a poner a pelear con el gobierno diciéndoles “religiosos serán ustedes, yo soy un hijo de Dios llamado a predicar las buenas noticias del evangelio”.

Después vino la aplicación Cuidar. Otra vez a llenar casilleros sobre si tengo fiebre, si le siento gusto a las comidas, si tengo tos, y cuando ya llené todo, me dice: “Listo, no tiene Covid 19 ya puede salir a trabajar por 48 horas”.

¿Ves? Según esta aplicación Religión es igual a trabajar para lograr algo.

¡Que distinto es el pensamiento de Dios sobre esto! ÉL nunca quiso que los seres humanos tengamos una religión. Él quiso derramar de su Espíritu sobre tu vida para que seas un hombre, una mujer nuevos. Por eso hizo la promesa de derramar de su Espíritu luego de perdonar todos nuestros pecados a través de Jesús en la Cruz.

La promesa de Dios está expresada en el siguiente pasaje de la Biblia:

“les daré un corazón nuevo y pondré un 𝒆𝒔𝒑í𝒓𝒊𝒕𝒖 nuevo dentro de ustedes. Quitaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi 𝒆𝒔𝒑í𝒓𝒊𝒕𝒖, y 𝒉𝒂𝒓é 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒏𝒅en en mis estatutos y que guarden mis preceptos y los pongan por obra”. Ezequiel 36:26-27

La promesa de Dios abarcaba dos aspectos:

  1. Quitar el corazón de piedra para reemplazarlo con un corazón de carne.
  2. Poner en nosotros su espíritu.

Vamos por partes. ¿Por qué le llama Dios a nuestro corazón un corazón de piedra? Podemos pensar que nos ve como tercos, duros, difíciles de llevar, de cambiar.

Miren, creo que esto va un poco más allá en base a la promesa que Dios hizo.

Si recordamos, Dios le dio a Moisés los diez mandamientos escritos en tablas de piedra. Desde allí, el pueblo de Dios ha tratado de guardar los mandamientos escritos en piedra y ha hecho de esos mandamientos su religión.

¿Entienden eso? Un corazón de piedra es un corazón que trata de agradar a Dios cumpliendo mandamientos. Es un corazón religioso. La Biblia dice que no hay una sola persona justa, buena en toda la historia de la humanidad, salvo Jesús. Esa es la mirada de Dios sobre nosotros. Nadie puede alcanzar la expectativa de Dios.

La religión ha endurecido el corazón de los seres humanos y nos ha hecho juzgar a los demás poniendo el orgullo religioso por delante y menospreciando a los “infieles y ateos que no piensan ni actúan como nosotros”.

En lugar de ese corazón de piedra, de religión, Dios promete cambiarlo por un corazón humano, de carne. Ese es un corazón auténtico que reconoce sus limitaciones y se vuelve humilde y necesitado de Dios. Es un corazón que no juzga a los demás seres humanos, sino que los ama y los comprende.

Pero la promesa del Padre no termina allí, en un cambio de corazón, en destronar la religión. Él promete poner Su espíritu dentro tuyo para hacer que con su poder puedas cumplir con los mandamientos de Dios.

Su Espíritu está en vos para ayudarte, guiarte, fortalecerte, revelarte la verdad del Padre, manifestar sus dones, sus frutos, sus milagros y poder sobrenaturales. ¡Aleluya!

Hebreos 10:16-17 dice:  «Éste es el nuevo pacto que haré con mi pueblo en aquel día —dice el SEÑOR —: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente». 17  «Nunca más me acordaré de sus pecados y sus transgresiones».

Gracias Señor, nunca más un corazón piedra, ahora tenemos un corazón nuevo con las leyes de Dios escritas en él, con la mente llena de su Palabra.  

San Pablo lo escribió así en 2Corintios 3:3  Es evidente que ustedes son una carta de Cristo escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. 

Decile fuera a la religión y dale la bienvenida al Espíritu Santo que está sobre tu vida. Él es Espíritu que vivifica tu alma y tu cuerpo. Tu mente se renueva día a día y se llena de expectativas de bendición y gloria.

EL profeta Ezequiel termina esos gloriosos versículos sobre la promesa del Padre con las siguientes palabras de Dios:

Ezequiel 36:28  Ustedes vivirán en la Tierra prometida, y serán mi pueblo y yo seré su Dios.29  Los libraré de todo lo que los manche. Haré que el trigo abunde y no volverán a pasar hambre.  30  Haré también que los árboles y los campos den más fruto, para que no vuelvan a pasar vergüenza delante de las otras naciones por causa del hambre.  33  ‘Yo, el Señor, digo: Cuando los purifique de todos sus pecados, haré que vivan en sus ciudades y que reconstruyan las ruinas.  34  La tierra que había quedado desierta, en vez de seguir desierta será cultivada a la vista de todos los que pasan.  35  Y se dirá: Esta tierra, que había quedado desierta, ahora se parece al jardín de Edén; las ciudades que habían sido destruidas, arrasadas y convertidas en ruinas, ahora son fortalezas y están habitadas.  36  Entonces los pueblos vecinos  reconocerán que yo, el Señor, reconstruyo lo destruido y vuelvo a sembrar lo arrasado. Yo, el Señor, lo he dicho y lo realizaré.  

El pensamiento hebreo sobre lo espiritual es muy diferente al pensamiento griego que rige nuestra sociedad occidental. Para el pensamiento occidental lo espiritual es abstracto, no se puede tocar ni ver, pero para el pensamiento hebreo lo espiritual es concreto, tangible, se puede ver y tocar.

Dios prometió que junto con Su Espíritu vendrían cosas concretas. Bendiciones traducidas en prosperidad y salud, bienestar y nueva esperanza. ¿Cuántos las reciben ahora?

CÓMO SALIR DE LA MENTALIDAD DE POBREZA

¿Por qué se llama a Jesús el Redentor? Aquí en Argentina, en Mendoza tenemos una estatua en las montañas altas que se llama el Cristo Redentor.

¿Pero, de qué nos redimió el Señor?

Vamos del principio. ¿Cuántos entienden la palabra redención?

Redención es un acto por el cual se da por terminada la esclavitud de una persona o de un grupo de personas. Es un rescate, el fin de un castigo o de una maldición.

La redención incluye una negociación, una transacción. Solo se puede redimir o dejar libre a alguien si se negocia con el antiguo dueño y se conviene el precio para dejarlo libre.

Vamos un poco más lejos, al principio de los tiempos. Cuando el hombre fue creado, Dios le dio la libertad de obedecer o desobedecer las leyes que él le mandó. El hombre decidió desobedecer porque era libre de hacerlo y así se separó de Dios. Su comunión con Dios se rompió por causa del pecado.

El hombre quedó aislado de Dios y cayó bajo el dominio del mal representado por Satanás. A partir de allí, el ser humano ya no tuvo más libertad de decidir. Su vida estaba únicamente sujeta a lo que el enemigo quería que hiciera y a su propia voluntad egoísta.

Como Dios vio que el hombre no podía salir de esa situación, tuvo misericordia y decidió traerlo de vuelta a casa, a una relación de Padre – hijo con él. ¿Cómo hizo? Envió a Jesús a pagar el precio por la redención, la liberación de la humanidad. Pagó el rescate.

En la Cruz, Jesús pagó para que fueras libre de la esclavitud del pecado, de los vicios, del fracaso, de la depresión, etc.

Es urgente y necesario que te explique de qué nos rescató el Señor.

¿De qué nos redimió? Él nos rescató del poder de Satanás, del poder del pecado, del poder de la muerte. Pero también nos redimió de la maldición de la ley.

“Cristo nos rescató de la maldición de la ley.” Gálatas 3:13

¿Qué es la maldición de la ley? Dios estableció leyes y le ordenó a su pueblo que las cumpliera, pero si dejaba de cumplir uno solo de los mandamientos, se hacía culpable de todos.

Es como decir: Cruzaste el semáforo en rojo, te corresponde pagar como si hubieras atropellado a alguien conduciendo borracho. Todo el código de tránsito te condena.

Pero eso parece injusto. No si todos están de acuerdo con ese pacto.

Éxodo 24:3 Moisés descendió de estar con Dios y le repitió al pueblo todas las instrucciones y ordenanzas que el SEÑOR le había dado, y todo el pueblo respondió al unísono: «Haremos todo lo que el SEÑOR ha ordenado». 4  Entonces Moisés escribió cuidadosamente todas las instrucciones del SEÑOR, 7  Luego tomó el libro del pacto y lo leyó al pueblo en voz alta. Una vez más todos respondieron: «Haremos todo lo que el SEÑOR ha ordenado. Vamos a obedecer».  

Dios le dijo a su pueblo que, si no cumplía con todos los mandamientos, la maldición llegaría sobre ellos. ¿Qué maldición era esa? La maldición incluía enfermedad física, mental y emocional, pobreza de por vida y guerras, plagas y muerte temprana.

La Biblia dice que no hay una sola persona que no haya pecado alguna vez. Entonces todos están bajo la maldición de la ley de Dios. Por eso el planeta está como está.

Pero, quiero darte la buena noticia de que Jesús nos redimió de la maldición de la ley. Si tan solo crees en Jesús, la bendición empezará a fluir en tu vida de una manera especial.

Ahora, la enfermedad, la tristeza, el fracaso, no son más tu destino. Tu destino es estar sentado a la mesa del Señor, que es mesa de abundancia. Eso le dijo a sus discípulos en Lucas 22:29 

“Y, así como mi Padre me concedió un reino, yo ahora les concedo el derecho  30 de comer y beber a mi mesa en mi reino.”

Dios siempre está tratando de que lleguemos con fe y nos sentemos a su mesa con Él. Pero nosotros preferimos estar debajo de la mesa y contentarnos con las migajas que caen de ella. Es tiempo de salir de debajo de la mesa y reclamar las promesas de nuestra herencia por la fe. ¡Es tiempo de tomar nuestro lugar a la mesa del Señor!!

Las cosas no ocurren mágicamente. El Señor ya pagó el precio de tu liberación y ahora te corresponde vivir de acuerdo con eso.

Quiero contarte una historia que tiene que ver con eso.

El Rey David fue el sucesor de Saúl, el primer Rey de Israel. Cuando Saúl murió en una batalla, un hijo de Jonatán, quien era amigo íntimo de David, que se llamaba Mefi-Boset fue sacado de urgencia del palacio por una nodriza. El chico tenía 5 años y mientras huían el niño se cayó y quedó lisiado de las piernas.

David tenía todo el derecho de desterrar a los descendientes de Saúl, aún podía matarlos si quería, pero luego de unos años, se enteró que Mefi-Boset vivía y mandó llamarlo. Así lo relata la Biblia:

2Samuel 9:3  El Rey David preguntó un día: —¿Hay alguien de la familia de Saúl que todavía viva? De ser así, quisiera mostrarle la bondad de Dios. Siba le contestó: —Sí, uno de los hijos de Jonatán sigue con vida. Está lisiado de ambos pies.  4  —¿Dónde está? —preguntó el rey. —En Lodebar —le contestó Siba—, en la casa de Maquir, hijo de Amiel.  5  Entonces David mandó a buscarlo y lo sacó de la casa de Maquir.  6  Su nombre era Mefiboset; era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando se presentó ante David, se postró hasta el suelo con profundo respeto. David dijo: —¡Saludos, Mefiboset! Mefiboset respondió: —Yo soy su siervo.  7  —¡No tengas miedo! —le dijo David—, mi intención es mostrarte mi bondad por lo que le prometí a tu padre Jonatán. Te daré todas las propiedades que pertenecían a tu abuelo Saúl, y comerás aquí conmigo, a la mesa del rey.  8  Mefiboset se inclinó respetuosamente y exclamó: —¿Quién es su siervo para que le muestre tal bondad a un perro muerto como yo?  9  Entonces el rey llamó a Siba, el siervo de Saúl, y dijo: —Le he dado al nieto de tu amo todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia.  10  Tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, para que produzca alimento para la casa de tu amo. Pero Mefiboset, el nieto de tu amo, comerá aquí, a mi mesa. 11 A partir de ese momento, Mefiboset comió a la mesa de David, como si fuera uno de los hijos del rey.  

Mefi-Boset tenía un sentimiento de amargura por su destino. Como lisiado fue despreciado por la gente ya que se creía que una persona lisiada había sido maldecida por Dios. Además, había perdido todos los privilegios y derechos reales, las tierras, riquezas y honores. Su destino era estar escondido y esperar que alguien le diera algo de comer.

Él pensaba de sí mismo con un perro muerto. Pero ese día, la misericordia del Rey le trajo nueva vida. ¡David lo adoptó como a uno de sus hijos y lo invitó a comer de su mesa todos los días de su vida!

Le devolvió las tierras que eran de su abuelo, su herencia y puso a una persona a que cultivara la Tierra para él.

Los hijos de David veían todos los días a un nuevo integrante en la familia: Mefi-Boset. Alguien dijo alguna vez que la mesa del Rey tiene un mantel grande como para cubrir los pies lisiados de los que se sientan allí. La vergüenza está cubierta, la miseria llegó a su fin, la herencia está otra vez en donde corresponde y la maldición ya se fue para siempre. ¿Quién puede contradecir al Rey cuando dice “tú comerás siempre a mi mesa?”.

Los hijos de Dios nos quedamos en el pasado lamentándonos de nuestra suerte y diciendo todos los días “soy solo un perro muerto. Estoy dispuesto a ser un esclavo del Rey para tener, aunque sea unas migajas.”

Pero hoy el Señor te dice que quiere que comas a su mesa, no que estés debajo de la mesa esperando las migajas que caen de ella.

La herencia que creías perdida está por manifestarse. Hay alguien que ha decretado la bendición sobre tu vida, la redención de la maldición de la pobreza y la mentalidad de salario.

¿Qué es la mentalidad de salario?

Es la mentalidad de aquel que hace girar su vida alrededor de lo que cobra de salario. Nunca llega, nunca alcanza, se amarga, se frustra y se enoja con Dios. Eso no puede ser porque Dios ya hizo la obra para que vivas una vida de abundancia.

¿Sabías que en casi todo el mundo al salario básico de un empleado soltero se llama salario mínimo, vital y móvil? Hoy en argentina ese salario es la mitad de lo que cuesta la canasta básica de pobreza. ¡La mitad! ¿Qué tiene de vital ese salario? Debería llamarse salario mínimo, mortal e inmóvil. ¿Quién dicta lo que vales? Ese salario se negocia entre sindicatos, gobiernos y empresarios y entonces ellos deciden que vivirás con la mitad de lo que necesitas para sostenerte.

El decreto del gobierno nacional dice que el salario mínimo, vital y móvil es “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.

¡Qué diferencia con Jesús que dijo que Él nos dio un reino y que tenemos el derecho de sentarnos todos los días a su mesa!

Para la mayoría de los argentinos, el salario no les alcanza para una alimentación adecuada, vivienda digna, educación, ropa, obra social, transporte, esparcimiento, vacaciones y aportes jubilatorios. Pero el decreto dice: “de modo que le asegure” todo eso.

Bueno, no quiero meterme en temas políticos, pero creo que ningún gobierno es capaz actualmente de asegurarme todos esos beneficios con un sueldo mínimo. ¿Quién puede, entonces, hacerlo? Solo Dios puede.

Tienes que poner tu mente en modo “dependo solo de Dios” y no en modo “dependo de mi salario”. No te enojes con el gobierno, ellos pueden tener buenas intenciones, pero no tienen los recursos. EN cambio, los recursos de Dios son ilimitados.

ÉL dijo: “Su Padre celestial ya sabe de qué cosas tienen necesidad antes que se la pidan”.

En el Cielo no hay recesión ni inflación ni dólar paralelo. La única moneda que se usa es la fe.  

Tu mente de salario te amarga. Pero la mente puesta en las cosas del Espíritu trae como consecuencia vida y paz.

¡Convencido de la victoria!

CONVENCIDO DE LA VICTORIA! (1)SUBPRODUCTOS DE LA FE

LA CONVICCIÓN

¡¡Hola a todos!! Gracias por estar ahí compartiendo con nosotros un tiempo especial. Ustedes dirán qué tiene de especial este tiempo, bueno, cuando todo está revuelto, desordenado, sin una clara visión de solución, tenemos dos alternativas: o nos desesperamos o nos reinventamos. O esperamos la vacuna o somos la vacuna. O soy parte del problema o soy la solución al problema, o me vuelvo esclavo del temor a morirme o soy dador de vida. ¿Cuál de todas estas oraciones es la tuya?

Serías capaz de decir conmigo, “yo me reinvento, yo soy la vacuna, yo soy la solución a este problema, yo soy dador de vida”.

Moisés se puso entre los vivos y los muertos en un tiempo de plaga fulminante, se reinventó volviéndose un intercesor delante de Dios y derrotó la plaga.

José, el personaje de la Biblia salvó a una nación de una recesión económica a causa de una sequía que duró siete años, se reinventó, fue la solución, fue dador de vida.

Daniel, el profeta de la Biblia, era esclavo en un país extranjero, pero se reinventó, usó su don espiritual y trajo revelación y vida a toda una nación.

Ester, la mujer que estaba siendo una más de las 500 mujeres que tenía el rey Asuero, se reinventó, fue la solución a un problema terrible de injusticia y discriminación y se transformó en dadora de vida.

Jesús dejó los cielos, lugar de su Señorío para reinventarse, transformarse en un bebé para ser el Salvador de la humanidad y llegar a ser el camino, la verdad y la vida.

Todos ellos tuvieron fe en Dios. Esa fe, como escuchamos en los mensajes anteriores, tenía dos componentes: confianza y certeza. La confianza los hacía mirar con esperanza el futuro y la certeza los sostenía mientras esperaban.

Pero había en ellos un tercer componente de su fe: la convicción.

Diapositiva3La fe de la que habla la Biblia no es para nada mística. ¿Qué significa místico o misticismo? ¿Han oído esa palabra? Místico viene de la palabra “misterio, misterioso”. ¿Qué es un misterio? Es algo que no tiene explicación, algo secreto, reservado.

Pero la fe bíblica no es un misterio, no es imprecisa o secreta o personal o reservada solo a los que la entienden.

La fe se ve y tiene resultados. Esa fe que agrada a Dios tiene tres componentes: confianza, certeza y convicción.

¿Qué es la convicción?

Es muy interesante el origen de esta palabra y cómo se usa en la Biblia. Está compuesta de tres palabras: con, victus y ción. “Con” significa Junto a, o tener, victus significa victoria y ción es la palabra que denota acción.

Entonces, el que tiene convicción es alguien que ya tiene la victoria y actúa en base a eso.

Hebreos 11:1 dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Estar convencido no es alegrarse en base a una ilusión, sino alegrarse en una victoria que ya se realizó y celebrarla. Y en base a esa victoria actuar porque esa es la prueba de que lo que espero se va a realizar, aunque todavía no lo haya visto.

Entonces, una persona que tiene fe bíblica:

Primero: no es mística, no está creyendo en algo misterioso y que no se puede comprobar.

Segundo: está llena de confianza en el futuro porque Dios ha demostrado ser confiable cada vez que prometió algo en el pasado.

Tercero: Está llena de certezas, de seguridad en base a las experiencias vividas con Dios.

Cuarto: Es una persona con convicción que celebra la victoria ya asegurada y se mueve en esa dirección.

¡Porque Él vive, nosotros viviremos, porque Él venció, nosotros somos más que vencedores, porque Él reina, nosotros reinamos con él! ¡Aleluya!

Pero déjenme decir algo más. Hay una palabra que deriva de “convicción” y es la palabra “convicto”.

¿Qué es un convicto? Es un prisionero. Un convicto está encerrado por el veredicto de un juez.

Nosotros estamos así, convictos, prisioneros de una convicción: “Ya tengo la victoria en Cristo Jesús” y nadie me puede mover de ese lugar. Yo estoy atado al Señor. No importan las circunstancias ni los síntomas, ni los diagnósticos, ya soy vencedor de todo eso. ¿Fue por mi victoria? No, fue por la victoria de Él.

San Pablo decía: “yo soy prisionero de Jesucristo”. Los romanos no lo tenían prisionero, Jesús lo tenía convicto, convencido, atado a él.

Una mujer con una enfermedad oyó que Jesús sanaba a los enfermos y fue a tratar de tocar el manto del Señor para ser sanada. Había gastado todo su dinero en médicos y cada vez le iba peor. Empobrecida y sin salida, salió de su casa prisionera de una esperanza, convencida de una victoria. Ella dijo: “Si toco su manto seré sanada”. No dijo: “a lo mejor, si hago las cosas bien, él quizás me sane”. NO. Dijo “seré sanada”.

Con la victoria en su mente, se abrió paso hasta llegar a Jesús y tocarlo. Al darse cuenta Jesús que poder había salido de él, se detuvo y buscó entre la gente al que le había tocado y cuando descubrió que era aquella mujer, le dijo: “Oh, mujer, grande es tu fe, queda sana de tu enfermedad”. No le dijo: “mi poder te ha sanado, tu buena conducta te ha sanado, sino tu fe te ha sanado”. ¿Qué componentes tenía esa fe? Confianza, certeza y convicción. ¿Resultado? Sanidad milagrosa. ¡Gloria a Dios!

De toda la multitud de curiosos que seguían a Jesús, solo una mujer con fe hizo que el poder de Dios se manifestara. ¿Sabías que en este mundo a los que tienen convicciones firmes se les suele llamar “locos”? Esta mujer estaba loca. Su enfermedad la hacía inmunda en esa sociedad. No podía tocar a nadie, estaba aislada de su familia, de sus hijos, cada vez que podía salir por alguna necesidad tenía que gritar “inmunda, inmunda” para que todos le abrieran paso. Esto que te estoy diciendo te puede parecer una locura, pero aquella mujer tenía la convicción, estaba convicta de una seguridad, de una victoria que ya era suya.

En Zacarías 9:12 el Señor dijo: “Vuélvanse a la fortaleza, prisioneros de esperanza. Hoy les anuncio que los restauraré el doble.”

Aquellos prisioneros no estaban presos de las cadenas, estaban presos de una esperanza y Dios la vio y les prometió doble premio. ¡Gloria a Dios! ¡Vamos, alguien que diga gloria a Dios! ¡Viene el doble de restauración para aquellos que están prisioneros de una victoria! ¡Amén!

Una persona con convicción es capaz de dar la vida por lo que cree. La convicción le genera un impulso que no se puede frenar. Por eso las personas que no tienen convicción no sienten el impulso para salir adelante. Pueden tener confianza y certeza pero les falta la convicción, ese fuego interior que lo empuja a seguir creyendo aunque todavía no vea lo que está esperando.

Jeremías era un profeta de convicciones, aunque cada vez que hablaba de parte de Dios eso le traía muchos problemas y muchos enemigos. El cansancio de tanta oposición le hizo decir:

«Ya no anunciaré más de él; no volveré a hablar en su nombre», pero su mensaje dentro de mí se convierte en un fuego ardiente que me cala hasta los huesos. Hago todo lo que puedo por contenerlo, pero me es imposible. Jeremías 20:9

Eso es la convicción: un impulso interior que me empuja a seguir creyendo.

Según el versículo de Hebreos 11:1 la convicción es la prueba de que la fe está allí. La confianza y la certeza son sentimientos que pueden cambiar con el tiempo, pero la convicción es irresistible, es la prueba de que hay fuego, ¡hay fuego! Hay fe, entonces hay milagros.

 

 

 

Cómo tener fe en Dios

MI SEGURIDAD

Hola, cómo estás querido/a, me alegra que estés ahí leyendo este mensaje que seguramente va a ayudarte en este tiempo de pandemia.

Estamos hablando acerca de la fe y es muy importante que lo hagamos porque en estos tiempos hay mucha gente que necesita mantener alta su fe para poder sobrevivir a la angustia, la depresión, la soledad, el aislamiento.

Dios nos conoce tanto que sabe si tenemos fe en Él o no. Cuando falta la fe, o la fe es poca, como le dijo Jesús a Pedro: “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”, no podemos esperar grandes cosas de Dios. Santiago, el apóstol decía: “y cuando pidan, pidan con fe, no dudando nada. No piense aquel que duda que va a recibir algo de Dios”.

Nuestra fe se prueba en tiempos como este. Así que como dijo el apóstol Pablo: en 2Corintios 13:5 Examínense a ustedes mismos y pónganse a prueba para ver si están firmes en su fe.

Estamos en un examen y eso es bueno porque nos trae la realidad de nuestra fe.

¿Cómo sé si tengo fe? Dijimos la semana pasada que la fe es confianza en Dios. Así que, si siento confianza, entonces tengo fe. La desconfianza de Dios es ausencia de fe. ¿Te has encontrado desconfiando de lo que has creído? Entonces tu fe está fallando porque estás perdiendo la confianza.

Así que, en este examen, el primer punto es ver si dentro mío está la confianza en Dios. La charla del Domingo pasado sobre el tema de la confianza la podés encontrar en nuestro Canal de Youtube ILDS.

BIBLIA

Hoy trataremos del segundo subproducto de la fe que es la certeza.

La certeza es la SEGURIDAD que se tiene de alguna verdad o de alguna cosa.

En la Biblia esta palabra es importante porque se usa para declara algo con énfasis. Por ejemplo, Jacob estaba de viaje escapando de su hermano Esaú y Dios se le apareció en el camino y le habló directamente acerca de su destino. Luego de este encuentro con Dios, el dijo: “Ciertamente Dios estaba en este lugar y yo no lo sabía.” Esa fue una seguridad basada en un encuentro revelador con Dios.

Tal como hablamos el Domingo pasado, Dios nos hace saber que nuestra fe está firme y correcta cuando sentimos en nuestras emociones la confianza. Dios sabe que le damos mucha importancia a las emociones, a los sentimientos y que muchas veces juzgamos lo que nos pasa por los sentimientos que nos producen.

Dios es bueno y su bondad genera cosas en mí: lo primero, confianza. Lo segundo, certeza.

La diferencia entre esas dos es muy importante, ya que la confianza es la creencia interior de que alguien se comportará en el futuro de la manera que prometió o de acuerdo con lo que esperamos de ella.

Para tener confianza es necesario estar seguro de que la persona es confiable.

En Habacuc 3:9 el profeta dijo: “todos los juramentos de Dios a las tribus de Israel fueron palabra segura”.

¿Es Dios confiable? Toda la historia humana nos dice que si. Por lo tanto, Él es digno de confianza.

Dios también me genera certeza, que es la seguridad que se tiene de alguna verdad o de alguna cosa. La confianza mira hacia el futuro en base los hechos del pasado, pero la seguridad nos sostiene en el presente.

Hebreos 11:1 dice que la fe es la certeza de lo que se espera. Mientras espero, la certeza me sostiene porque tengo confianza en quién es Dios. San Pablo decía que todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo y que nuestra certeza se basa en que él no cambia. “Jesucristo es el mismo hoy, ayer y por los siglos”.

Querido que me estás viendo y escuchando ahora: La fe es la que mueve la mano de Dios a nuestro favor porque Él es atraído hacia esas personas que le creen, le tienen confianza, tienen certeza, seguridad de quién es Él.

Jesús es el autor de la fe. ¿Alguna vez te preguntaste cómo hizo Jesús para crear la fe?

Primero generó confianza al cumplir cada una de las promesas que hizo. Se tomó siglos y siglos de fidelidad, de compromiso con su pueblo, de muestras de cariño, protección y cuidado.

Segundo, generó certeza cuando hizo documentos escritos llamados “pactos”, que confirmó con juramentos. Con eso, trajo seguridad de que cumpliría lo que prometió. El último pacto, “el nuevo pacto” fue firmado con la sangre de Cristo. Fue un pacto de perdón y de amor hacia toda la humanidad. En la última cena, Jesús levantó la copa diciendo “esta es mi sangre del nuevo pacto”.

Para aclarar esto acerca de la confianza y la certeza pensemos un poco en el matrimonio.

Todo el que se casa lo hace con la ilusión de que será para siempre, por eso firman un pacto de compromiso legal en el que comparten todos sus bienes y se prometen unos a otros fidelidad en toda circunstancia que pasen juntos y hacen un compromiso espiritual al hacer los votos matrimoniales delante de Dios en la Iglesia. ¿Hay confianza el uno en el otro? No lo saben a ciencia cierta. Hay una ilusión de que todo va a salir bien y cada uno le pone ganas para que sea así. La confianza se va afianzando con el tiempo, con hechos concretos que la generan y luego, si todo va bien, llega la certeza, que es la seguridad de que la persona es confiable.

Ahora, la Biblia dice que Jesús no es solo el autor de la fe sino también el perfeccionador ella. Ya vimos cómo hizo Jesús para crear la fe. ¿Cómo hace para perfeccionarla? ¡Con una relación personal con nosotros en la cual nos va demostrando su fidelidad incondicional!

Hay un pasaje de la Biblia en el que Jesús dice que en futuro muchos se acercarán a él diciéndole “Señor, Señor”, pero él les dirá: “Yo no los conozco”, lo que quiere decir “nunca hemos tenido una relación”. La fe se construye en una relación personal con Jesús. Sin esa relación íntima no podemos perfeccionar nuestra fe. En el matrimonio, algo puede fallar, alguno de los dos puede romper ese pacto que hicieron pero nuestra certeza se basa en Jesús que nunca falla y nunca te fallará.

¿Cómo vamos con este examen? ¿Cuán alta está tu confianza en Dios? ¿Cuán fuerte es tu certeza, tu seguridad teniendo en cuenta los pactos que Dios hizo con nosotros?

Sin confianza y certeza, o sea sin fe, es imposible agradar a Dios. La fe en Dios es lo único que te sostendrá en este tiempo de pandemia.

 

CÓMO AUMENTAR TU CONFIANZA EN DIOS

PORTADA CONFIANZALa fe es una cualidad del espíritu. Es algo que se tiene o no se tiene.

¿Cómo se que tengo fe? Por sus subproductos. Te doy un ejemplo:

Un libro es la muestra de que los árboles existen, ya que el papel se extrae de los árboles. Si tienes un mueble de madera no puedes negar la existencia de los árboles. No puedes sentarte en una silla de madera negando la existencia de los árboles. No puedes limpiarte los dientes con un escarbadientes de madera y mientras tanto charlas con otros sobre la no existencia de los árboles. Los subproductos te dan la prueba de que sí existen.

Hoy la fe de los cristianos está siendo probada. Malas noticas, miedo, inseguridad, falta de trabajo, todo eso puso a prueba nuestra fe. No sabemos el origen de la pandemia, pero sabemos que Dios usará esta circunstancia para mejorar nuestras vidas. Es así y siempre ha sido así. Dios ordena las cosas de tal manera que siempre salimos beneficiados.

Primer subproducto de la fe: confianza.

Estamos acostumbrados a ser desconfiados, es más, cuando vemos a una persona demasiado confiada decimos que es un Gil. ¿Por qué somos así? Porque nos han fallado demasiado.

Alguien dijo que cuando Dios le dijo a todo el mundo que se amen unos a otros, el único que  entendió fue el perro.

Nos cuesta creer en las personas. A veces decimos: “hmmm, no le tengo fe” que quiere decir , no le tengo confianza.

¿Cómo se que tengo fe? Porque siento la confianza. ¡Que tremendo que Dios hiciera que la seguridad de que tengo fe venga de un sentimiento, de una emoción!

Los médicos dicen que una persona con fe en Dios, se sana más rápido que una que no tiene fe. Está comprobado. El médico no ve la fe como si fuera un documento, un certificado. Ve las consecuencias de la fe: se sanó en menos tiempo. Mientras tanto, en cada visita, el médico  veía la fe en el rostro del paciente, podía percibir una confianza interior que otros pacientes no tenían. El paciente pasaba por el proceso de la enfermedad con optimismo, confianza y seguridad. Nadie puede negar la fe cuando hay evidencias en una persona. La primera evidencia es una sensación que se ve: confianza. Alguno puede decir que esa persona es una tonta por creer en algo que no se ve, pero luego los resultados son muy visibles.

ESO ME GUSTAUna hermana pidió oración porque su esposo hacía varias semanas que no tenía trabajo. Oramos a la mañana y a la tarde ya lo habían llamado para trabajar. Su pedido de oración nos llegó por un mensaje texto. Su confianza en Dios, hizo que encendiera el teléfono, buscara la aplicación de WathsApp y enviara el pedido de ayuda. Mientras escribía, seguro la confianza la guiaba. Nadie escribe un pedido de oración pensando: “soy una tonta al creer en Dios, esto no va resultar, qué estoy haciendo”. Ella se acercó a Cristo y él le respondió. ¿Cómo lo sabemos? Porque se acercó al Cuerpo de Cristo, la iglesia y recibió la respuesta a su pedido. La confianza tuvo su premio, su esposo mañana comienza a trabajar. No fue solo confianza en la oración, fue confianza en la oración a Dios. Muchos tienen confianza en la oración y no les importa a quien le ores. Puedes orar al Universo, a Buda, a San guchito, no les importa. A veces dicen que mientras oren, no importa a quién. Si oran, eso trae buena vibra, buena energía y todo suma, todo sirve, dicen. Eso no es fe en Dios. Es fe en la oración.

Una relación basada en la fe.

En una parte, la Biblia dice que sin fe es imposible llevarse bien con Dios. Literalmente dice que una relación con Dios sin tenerle fe es inviable. No tiene futuro, no va a ninguna parte. Tener fe en Dios no solo es tener una creencia religiosa, es una relación de persona a persona basada en la confianza. ¿Alguna vez han desconfiado de ti sin motivos? Se siente horrible. Una relación profunda sin confianza en el otro, no puede prosperar, es más, uno desea deshacerse de esa relación porque no hay confianza mutua. No se puede fingir una relación armoniosa, vigorosa, plena. Mientras no esté la confianza como un componente esencial, no habrá relación. Por eso dice la Biblia que sin confianza, sin fe, es imposible que Dios se sienta contento, que esté agradado, que corra a tu encuentro, que desee estar contigo. Él te seguirá amando porque él es amor, pero tú falta de confianza en Dios le ata las manos.

Santiago, el apóstol, parecía no confiar en cualquiera que decía que tenía fe en Dios. “Si, si, bla, bla, bla, tu dices que tienes fe pero yo no la veo. Porque la fe tiene resultados, tiene obras. ¿tu dices que tienes fe? Muéstrala entonces. Yo te espero. Luego que me muestres tu fe sin las obras, hablamos.

Santiago quería dejar bien en claro que la fe se ve claramente.

Primero se ve en el rostro. Una persona que está en una relación con Dios  basada en la confianza, es feliz, se siente segura, duerme bien, esta tranquila y relajada. Puede pasar por el valle de sombra de muerte pero no teme mal alguno porque sabe que Dios estará también allí y no lo dejará.

Segundo, se ve en los resultados sorprendentes y sobrenaturales de haber confiado en Dios. Las obras de Dios son como el es: sobrenaturales.

Decir: “he visto a Dios” puede sonar a locura, pero cuando tengo la evidencia en las manos, no hay discusión posible.

En la Biblia se cuenta del día en que Dios explotó por la desconfianza de una persona en su poder. Es el discurso de Dios más largo de la Biblia en el que expone su maravilloso poder. Se lo dijo a Job, quien estaba pasando por una dificultad de salud muy complicada. Al verse en tal dolor, empezó a desconfiar del poder de Dios y a desafiarlo a que se presente. Y Dios se presentó y durante tres capítulos le dijo a Job que estaba hablando sin sabiduría, sin confianza en su poder. Dios le expuso su obra creadora, los cielos, la tierra los animales, las plantas, las galaxias, las estrellas, en definitiva, le cerró la boca.

Job se quedó pasmado. Se dijo a sí mismo: “mejor que cierre la boca”. Y si hermano, a veces es mejor cerrar la boca y no hablar sin sabiduría, hablar palabras de desconfianza y de desafío a Dios.

Aparentemente, la única manera que tiene Dios de ver si confías o desconfías de él, o sea que le tienes fe, es a través de las pruebas. El apóstol Pablo, en el final d

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e sus días, empezó a sacar cuentas de todo lo que había vivido junto a Dios y dijo: “ya hice todo lo que tenía que hacer, he terminado la carrera, y  no he perdido la fe en Dios.” Pablo había pasado por cosas complicadas que nosotros quizás nunca pasemos, pero no perdió la fe, no se quejó y siguió confiando en Aquel que no falla.

Renueva tu confianza en Dios porque él es perfectamente confiable y lo ha demostrado millones de veces. Disfruta del primer subproducto de la fe que es un sentimiento de confianza en tu Padre que te ama incondicionalmente.

Si quieres ver este mensaje en Youtube como fue dado por el Pastor Oscar Ferro, puedes hacer click en el siguiente enlace:

Cómo saber si estás “contagiado” emocional y espiritualmente.

Cuando no se puede mantener el distanciamiento social el barbijo ...

Hasta hace unos meses la palabra “viral” se usaba para describir a los videos que tenían mucha circulación en las redes. Hoy sabemos que “viral” se refiere a un virus que camina mu rápido por el mundo y que es altamente contagioso.

¿Sabías que luego de tantos días de Cuarentena, puedes estar “contagiado” emocionalmente?

  1. QUIZÁS TUS ACTITUDES HAN SIDO CONTAGIADAS (El poder de las quejas)

Cuando Israel salió de Egipto, junto con ellos se fueron un grupo de egipcios. Fueron ellos los que contaminaron al pueblo con sus quejas sobre la comida, el liderazgo, el agua, el sol y todo lo demás. Por su causa, todos fueron contagiados de temor y ansiedad y sufrieron diferentes plagas que casi exterminan al pueblo de Israel.

Este es el tiempo de cuidarnos de lo que escuchamos. Si los que hablan son las personas que vienen atrás observando todo y criticando, dando mensajes pesimistas, derrotistas, catastróficos, no los escuches. Si no hablan palabras de fe y esperanza, no los oigas. Si están en la televisión, no los escuches, cambia de canal. Si descubres que también estás empezando a quejarte, entonces estas contagiado.

2. QUIZÁS TUS PALABRAS HAN SIDO CONTAGIADAS (El poder de los rumores)

La “fábrica de rumores” ha estado trabajando hace más de un mes y no ha parado. Casi ha paralizado el tráfico de Internet. Los rumores parecen ciertos pero llevan una carga destructora que contagian tus palabras y de repente sales hablando lo que ellos dicen.

Barbijo obligatorio en casi todo el país: que decidió cada ...No difundas rumores, mantén una “distancia social” de las medias verdades, exageraciones, predicciones salvajes y venganzas personales. Si te descubres esparciendo rumores que no han sido comprobados como verdades, estás contagiado.

El mundo necesita una palabra de aliento. Solo di: “Vamos a salir de esto”.

3. QUIZÁS TUS EMOCIONES HAN SIDO CONTAGIADAS. (El poder del pánico)

Hay una razón para no gritar en broma “¡FUEGO!” dentro de un teatro lleno de gente: Eso genera un pánico que hace que muchos puedan morir por una estampida de gente.

No te permitas una actitud de pánico por lo que oyes en los medios de comunicación ni por tus propios pensamientos de muerte, enfermedad o de miseria. Si te descubres en esa actitud, empieza a decir lo que decía el Rey David en una situación así: “Bendice, alma mía, a Jehová y  bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová y no te olvides ninguno de sus beneficios.” Salmo 103:1-2  Tu mente debe estar sometida a la mente de Cristo y nosotros tenemos el poder de llevar cautivo todo pensamiento diabólico a la obediencia de Cristo.

Oro en el Nombre de Jesús que toda influencia del mal te suelte ahora en el Nombre de Jesús y salgas victorioso/a de toda situación adversa. Lo creo y te animo a que lo creas también. ¡Amén!

Pastor Oscar Ferro