¡NO PUEDO DOMINARLO! ¿CÓMO HAGO?


Desde hace varios meses todos estamos pendientes de la Pandemia de Coronavirus y no nos podemos escapar de su influencia en todo lo que hacemos.
Escuchamos diariamente el reporte de la cantidad de casos nuevos, de la cantidad de fallecidos, miramos en los diarios o en internet los casos de nuestra ciudad, nos enteramos de las personas conocidas que llegaron a infectarse y aunque quisiéramos negarlo, el tema siempre está presente en nuestra mente y es la conversación en los hogares.


Pero además se está hablando cada vez más de las consecuencias secundarias del aislamiento obligatorio (la cuarentena) tanto para los niños como para los mayores.
Hay una sensación cada vez mayor de falta de libertad, de estar atados a una realidad de la que no podemos escapar. Es por eso que se producen estados de ánimo como la angustia, el cansancio mental, el agobio, la frustración y la impotencia.
Me da mucha pena una familia joven que vive en nuestro edificio, justo arriba de nuestro departamento. Nunca fueron vecinos muy ruidosos ni escandalosos, pero desde la llegada de la pandemia, las cosas cambiaron porque lo que antes hacían fuera de la casa ahora lo hacen todo en el departamento.
Escuchamos a la hijita de ellos correr y saltar como si estuviera en el parque y escuchamos a sus padres hacer ejercicios en una bicicleta fija todos los días a la misma hora.


Me da cosa pensar en la falta de libertad por causa del temor a contagiarse de otras personas y los entiendo totalmente.
Para los que solíamos viajar con cierta frecuencia es un sentimiento de encierro y nostalgia mezclado con impotencia por no poder hacer nada con respecto a eso.
Se siente la falta de libertad y se la extraña. ¿Cuándo podremos volver a ser libres otra vez?
Ahora, esta sensación de encierro no es nueva, ya la hemos vivido antes de otra forma. Todos los seres humanos hemos experimentado el encierro y la falta de libertad antes de alguna manera. Ahora la vivimos en lo físico, lo cotidiano, pero ya hemos pasado por esto como personas en lo interior, en lo espiritual.
Quizás si hoy aprendemos cómo ser libres en lo espiritual, podremos recibir nuevas fuerzas para que la pandemia no nos afecte tanto en lo emocional y lo cotidiano. Vamos a ver qué nos dice la Biblia con respecto a esto.


Juan 8:31  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; 32  y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. 33  Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres? 34  Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36  Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 

Todos nosotros experimentamos alguna vez la sensación de la esclavitud de alguna manera. El que trata de adelgazar haciendo una dieta o ejercicios, conoce la sensación de demanda urgente de comida que nos exige el cuerpo. Parece que no podemos escapar de eso. Por eso nos cambia el humor cuando hacemos dieta, porque somos esclavos de la comida y nos damos cuenta de eso cuando no le damos comida al monstruo.

Los que son alcohólicos pueden decir lo mismo de las veces que han intentado dejar la bebida, o los que son adictos a las drogas, igual.
Ser libres de las adicciones físicas o emocionales no es algo fácil y muchas veces es tan agobiante que nos rendimos y decimos “no puedo, lo intenté, pero no puedo”.
Lo mismo sucede con el pecado, con esas viejas costumbres que nos hacen mal a nosotros y a los que nos rodean. Creemos que podemos dejarlo cuando queremos, pero en realidad somos sus esclavos y ellos tienen el control sobre nosotros.

Volvamos a los primeros versículos que leímos de Juan 8.


Juan 8:31  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; 32  y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. 

Aquí vemos Jesús que se dirige a los judíos que habían creído en él y les da dos principios fundamentales.

1 PERMANECER EN SU PALABRA

Las frases usadas por Juan son muy claras para entender este episodio. Cuando dice “los que habían creído en él” no se refiere a que habían aceptado a Jesús en sus corazones y se habían convertido en sus discípulos. En realidad, significa que estaban interesados, intrigados, en cierto sentido convencidos, pero de manera superficial.

Por eso Jesús les dice que ellos deben permanecer en su palabra para ser verdaderamente sus discípulos.
Mucha gente cree en Jesús pero no permanece en su palabra, por lo tanto no es discípulo.
Permanecer significa oír a Jesús, asimilar sus palabras, meditarlas en el corazón, aceptarlas y obedecerlas. Solo así nos convertimos en sus discípulos. Ahora, en el primer capítulo de su evangelio, Juan escribió que Jesús es la palabra encarnada. Así que permanecer en su palabra es permanecer en Jesús.

2 CONOCER LA VERDAD

Si somos sus discípulos entonces conoceremos algo nuevo, porque la palabra discípulos aquí significa “aprendiz”. Y el aprendiz está para aprender de su maestro. La verdad es un proceso que se aprende.
Jesús dijo que si permanecemos en sus palabras llegaría el segundo paso, conocer la verdad y junto con la verdad, la libertad.
Es interesante ver que el verbo que usa Jesús para conocerán es un tipo de verbo que se llama aoristo, lo que significa que no es una acción de una sola vez sino algo constante. Entonces, nos mantendremos en el conocimiento de la verdad permanentemente.

¿Cuál es esa verdad de la que habla Jesús?

Su interés más grande era que sus discípulos fueran libres de la esclavitud del pecado. Él se daba cuenta de los efectos del pecado en las personas: la culpa, el sentimiento de ser merecedor de un castigo, la impotencia por no poder dejar el pecado, el miedo al enojo de Dios, la miseria interior y la vergüenza de haber fallado a nuestro Padre. Ni hablar de las consecuencias sociales y familiares del pecado que trae maldad y degradación a todo.
La impotencia que genera volver a caer en los mismos pecados de siempre es uno de los sentimientos más horribles porque luego del pecado nos viene el arrepentimiento y después le hacemos promesas a Dios y a nosotros mismos de no caer otra vez en lo mismo hasta que nos damos cuenta de que no podemos y todo empieza de nuevo.
Por eso, al principio hice la comparación con la Pandemia y la cuarentena. Lo peor es la impotencia de no poder hacer nada.

La verdad de Jesús que debemos conocer contiene tres aspectos:

Primero, nos revela la verdadera naturaleza del pecado, como algo que ofende a Dios y es destructivo para el creyente y para la sociedad.

Segundo, la verdad crea en el creyente la convicción y la fuerza para resistir el pecado y ser victoriosos frente a él.

Y por último, la verdad de Cristo sirve para sacarle el disfraz a Satanás, mostrándolo tal cual es, el origen del mal, el mentiroso y padre de toda mentira.

¿Cuál fue la reacción de los que oyeron a Jesús decir estas palabras?
Se ofendieron. Dice el pasaje:


33  Ellos le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres? 

A las personas no les gusta reconocer que son esclavas del pecado. Se ofenden. Por eso es uno de los temas que menos se predica. Ellos reclamaban ser hijos de Abraham, o sea que por pertenecer a una religión ya se sentían con privilegios.
Jesús sabía que la religión no hace libre a nadie. Solo la verdad hace libre a las personas y Jesús dijo “yo soy la verdad”.
El hecho de que vayas a la iglesia no te hace libre. Puedes estar toda la vida sentado escuchando la palabra de Dios y permanecer esclavo del pecado. Solo te hace libre permanecer en Jesús y su palabra. Entonces serás discípulo y conocerás la verdad que te dará la libertad.

34  Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36  Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 

La palabra esclavo que usa Jesús es Doulos, que significa alguien que no tiene derechos sobre sí mismo porque todos los derechos los tiene el amo, aún sobre su vida o su muerte.
No es heredero de nada y no tiene derecho a nada.
Pero cuando somos hijos, entonces somos libres, tenemos acceso a la herencia y acceso al Padre en todo momento.
Jesús dijo que el Hijo de Dios nos podía hacer libres. Así que de discípulos pasaríamos a ser hijos de Dios con todos los derechos que eso implica.

¿Entiendes el proceso que está escondido en estos pocos versículos de Juan capítulo 8?

Primero, empiezas como un simpatizante, un seguidor.
Segundo, te transformas en un discípulo permaneciendo en Jesús y su palabra.
Tercero, al ser discípulos, tienes acceso a la verdad que te hace libre de la esclavitud del pecado.
Y cuarto, llegas a ser hijos de Dios y participantes de su naturaleza divina.

En los evangelios la palabra discípulo aparece 300 veces. En los Hechos de los apóstoles, 30 veces. Pero en las cartas apostólicas no aparece ni una sola vez. ¿Qué quiere decir esto? Que los apóstoles le daban importancia a ser hijos de Dios, no solo discípulos.

Si todavía eres esclavo del pecado, o sea, no encuentras la manera de ser libre de su poder sobre tu vida, es que no has conocido la verdad que te puede hacer libre. Quizás solo seas un seguidor superficial de Jesús pero no eres su discípulo y mucho menos hijo.
Todavía no has recibido la revelación de la naturaleza del pecado, no has experimentado el poder de Dios en tu vida para vencerlo y no te has dado cuenta que Satanás está detrás de todo esto para destruirte.

“El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir, pero yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”, dijo Jesús.

Esa vida abundante es bastante escasa entre los cristianos. ¿Por qué? Porque están esclavizados por la ignorancia de sus derechos de hijos.
La liberación es el pan de los hijos. No te conformes con las migajas que caen de la mesa. Siéntate a la mesa con el Padre y disfruta de la abundancia de poder y autoridad que él te da sobre el pecado, sobre la pobreza, sobre la enfermedad. No vivas como un esclavo del pecado porque si el Hijo te libertare, serás verdaderamente libre.

Hoy puede ser el día de tu libertad. ¿La quieres?

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