LOS SÍNTOMAS

Las emociones dañadas también muestran síntomas.

Hola a todos! ¡Qué gusto poder compartir con ustedes la Palabra de Dios! Esta ha sido una semana de muchas emociones y por eso estamos conectados en este día para recobrar las fuerzas que vienen del Cielo, del mismo trono de Dios para su pueblo. Cuando estamos juntos nos fortalecemos unos a otros. La compañía de los hermanos nos hace bien y nos alienta en estos tiempos angustiantes.

Hoy quiero hablarte de los síntomas. Esas alarmas que surgen cuando algo está por pasar en nuestra salud. Hoy en día se está hablando mucho de esto y nosotros sabemos que hay síntomas físicos pero también emocionales y espirituales. ¿Qué te parece si ya comenzamos con este poderoso mensaje? Vamos

Los síntomas describen la enfermedad.

En medicina se dice que una persona está sana cuando experimenta un equilibrio en su salud física, mental, emocional y social. Se usa una palabra especial para ese estado: Homeostasis. Nuestro cuerpo tiene mecanismos que controlan los niveles de temperatura corporal, azúcar en la sangre, presión arterial, y otras muchas más. Cuando la homeostasis, el equilibrio que llamamos salud está afectado, lo notamos por los síntomas.

Los síntomas son alteraciones en el organismo que nos dicen que hay alguna enfermedad o dolencia. Es un indicio de que algo está por ocurrir y cada enfermedad tiene sus propios síntomas. Podríamos decir que los síntomas definen el tipo de enfermedad. ¡Qué sabiduría la de Dios cuando creó un sistema en nosotros que nos avisa de distintas maneras que hemos perdido el equilibrio! Si estás padeciendo de apendicitis, tendrás unos síntomas, si es contractura, habrá otros síntomas, si es una hernia de disco, serán otros los síntomas.

Tu vida está en equilibrio

cuando no hay síntomas

de enfermedad.

Los médicos están acostumbrados a leer los síntomas y estos les sirven para dar un diagnóstico. Esa palabra, diagnóstico, tiene la misma raíz que la palabra discernimiento, conocimiento interno.

¿Entiendes lo que trato de decir? Tu vida está en equilibrio cuando no hay síntomas de enfermedad. Pero cuando hay síntomas, hay que prestarles atención porque por algo están ahí.

Lo que ocurre con el físico es muy parecido a lo que ocurre con las emociones. ¿Cuándo nos damos cuenta de que estamos afectados o enfermos emocionalmente? Por lo síntomas.

La angustia es un síntoma de algo, la depresión también. Aunque a las dos se las trata como una enfermedad o dolencia emocional, empiezan a dar señales como síntomas. Hay desgano, falta de motivación para hacer las cosas, tristeza, falta de impulso, etc.

Jesús habló una vez de las emociones que tendrán los seres humanos en los últimos tiempos:

Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra…

Lucas 21.26

¿Ves? Jesús está describiendo un síntoma de desequilibrio emocional: estar sin aliento, desfalleciente, sin fuerzas, debilitado en el ánimo, sin vida. ¿Qué es lo que causará que los seres humanos queden sin aliento? El temor y la expectación de las cosas que vendrán en la tierra.

Las dos palabras que usó Jesús están emparentadas. Son temor por algo que está sucediendo y ansiedad por algo que puede venir. Todo eso lo generan la realidad de lo que nos pasa y las noticias que se escuchan, los pronósticos, las opiniones, los puntos de vistas de la realidad que nos comunican por la televisión o internet.

¿Es posible que escuchar las noticias nos esté haciendo mal? Por supuesto. Hasta pueden dejarnos sin fuerzas, sin alientos y sin esperanzas. Cada uno conoce sus síntomas, por lo tanto sería sabio darse cuenta cómo me afectan las noticias y si puedo seguir escuchándolas o debo tomar un respiro y ayunar de noticieros. A veces las malas noticias nos pueden hacer tomar decisiones en base al temor y otras veces nos paralizan tanto que quedamos como en piloto automático sin decidir nada.

Hay una historia en la Biblia que nos puede ayudar a entender mejor este tema y solucionarlo.

El profeta Daniel estaba recibiendo una visión muy importante sobre el futuro de la humanidad. Todo lo que el Señor le mostró lo abrumó tanto que empezó a tener síntomas de estar sobrepasado por las noticias acerca del futuro. Miremos lo que dice la Biblia.

Daniel 10:15-19  Mientras me hablaba, bajé la vista al suelo, sin poder decir una palabra.  16  Entonces el que se parecía a un hombre me tocó los labios y abrí la boca y comencé a hablar. Le dije al que estaba de pie frente a mí: —Estoy muy angustiado a causa de la visión que tuve, mi señor, y me siento muy débil.  17  ¿Cómo podría alguien como yo, tu siervo, hablar contigo, mi señor? Mis fuerzas se han ido y apenas puedo respirar.  18  Entonces el que se parecía a un hombre volvió a tocarme y sentí que recuperaba mis fuerzas.  19  —No tengas miedo —dijo—, porque eres muy precioso para Dios. ¡Que tengas paz, ánimo y fuerza! Mientras me decía estas palabras, de pronto me sentí más fuerte y le dije: —Por favor, háblame, señor mío, porque me has fortalecido.  

¡Qué claro se describen aquí los síntomas de una persona que ya está sobrepasada por la realidad que se le está presentando! Te invito a que los veamos juntos y que monitorees si algunos de ellos te están pasando ahora.

  1. DECAIMIENTO

15 Mientras me hablaba, bajé la vista al suelo, sin poder decir una palabra.  

Este es un síntoma de alguien que está vencido por la situación. La cabeza se cae, andamos cabizbajos, con la mirada hacia el suelo y sin poder hablar. La mirada es una de las señales de la salud o de la enfermedad. Jesús dijo que, si tienes una buena mirada, estás sano totalmente. Pero si tu mirada se vuelve oscura, sin vida, hay algo que está ocurriendo allí que lo provoca. El dijo: “la luz del cuerpo está en los ojos”.

Daniel mostró este síntoma por estar sobrepasado con las noticias que recibió.

2. ANGUSTIA Y DEBILIDAD

16 Le dije al que estaba de pie frente a mí: —Estoy muy angustiado a causa de la visión que tuve, mi señor, y me siento muy débil.

Cuando la angustia se hace muy fuerte, se empieza a sentir en el físico y se presenta como debilidad corporal, falta de fuerzas físicas para estar de pie. Por eso aparece la sensación de necesitar estar acostado o descansar en un sillón por horas. La cama se vuelve una amiga porque nos cobija, nos abriga, nos da descanso, pero puede ser una trampa mortal que nos lleve a alejarnos de nuestras familias y de la realidad.

3. FALTA DE DESEOS DE ORAR

17  ¿Cómo podría alguien como yo, tu siervo, hablar contigo, mi señor? Mis fuerzas se han ido y apenas puedo respirar.  

Cuando estamos sanos emocionalmente, la oración es un tiempo hermoso, placentero, reconfortante. Pero cuando estamos afectados emocionalmente, nos cuenta concentrarnos en la oración por la falta de ánimo y la angustia. La oración no es un ritual seco que se puede recitar de memoria. Es una relación con un Dios vivo que requiere de fuerzas mentales, emocionales y físicas para realizarla y a veces sentimos que no nos alcanzan las fuerzas para estar delante del Señor.

¿QUÉ HIZO EL DIOS PARA QUE DANIEL RECUPERE LAS FUERZAS?

  1. LO TOCÓ

 VRS. 18  Entonces el que se parecía a un hombre volvió a tocarme y sentí que recuperaba mis fuerzas.  

Un toque es un contacto. El Señor tuvo un contacto con Daniel. No sabemos si ese contacto fue físico o espiritual, pero lo cierto es que hizo que Daniel recuperara sus fuerzas. Todos necesitamos un toque de Dios. ¿Cómo sabemos que él nos ha tocado? Otra vez, ¡por los síntomas! Así como la enfermedad tiene sus síntomas, la recuperación de la salud también tiene síntomas. Daniel dijo: “sentí que recuperaba mis fuerzas”. Cuando Dios te toque lo sentirás, habrá un cambio, recuperarás lo que habías perdido. “Él da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas del que no tiene ningunas”. San Pablo dijo: “fortalézcanse en el Señor y en el poder de sus fuerzas”.

2. REFORZÓ SU ESTIMA PROPIA

 Vrs 19  —No tengas miedo —dijo—, porque eres muy precioso para Dios. ¡Que tengas paz, ánimo y fuerza!

Daniel había dicho que no se sentía digno de poder hablar con Dios porque estaba desanimado y sin fuerzas. Cuando estamos así, sentimos culpa por nuestro estado y tratamos de escondernos de Dios. Pero el Señor se acercó a Daniel, lo tocó y le dijo que él era muy precioso para Dios. ¿Sabías esto? Eres precioso, preciosa para Dios. Eso significa que para él tienes un gran valor.

Al decirle estas palabras, el miedo se fue de Daniel. ¿Quién puede hacerte daño si eres precioso para Dios? Él nunca te desamparará ni te dejará. EL Señor le ministró a Daniel paz, ánimo y fuerzas e inmediatamente esas tres cosas vinieron sobre él y lo fortalecieron. El resultado fue tan poderoso que Daniel le dijo que estaba listo para escuchar más de lo que Dios tenía para decirle.

Las noticias de la situación mundial pueden sobrepasarte y dejarte sin aliento, sin fuerzas, debilitado. ¿Estás en esa condición?

Permite que Dios te toque. Cuando ÉL lo haga, los síntomas de recuperación se harán presentes. Ora así: «Señor, te necesito. He perdido mis fuerzas y me siento débil. Tócame, Señor. Un toque tuyo puede darme nuevas fuerzas para seguir adelante. Yo lo sabré cuando los síntomas de mi recuperación lleguen y entonces te daré toda la gloria. En el Nombre de Jesús, amén.»

Deja un comentario