NO CAMBIES DE FASE!

Soy optimista en cuanto al futuro porque sé que siempre hay un buen final para el hombre, la mujer de Dios y aunque estamos viviendo cosas que están fuera de nuestro control, sí están en el control de Dios.  

Por eso te animo a no permitir que la realidad externa te controle sino la realidad del Cielo. Dice la Biblia que nosotros estamos sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales, donde reina el Señor y donde toda necesidad esta suplida. Nosotros somos el domicilio del Espíritu Santo aquí en la Tierra, por lo tanto somos portadores del poder de Dios para sanar, liberar, transformar y restaurar. El mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos es el que ahora vive en nosotros. Su poder está intacto, su amor no ha cambiado, su plan está en marcha para ti, su gracia no se ha agotado, sino todo lo contrario. Es el tiempo de disfrutar de la distinción que Dios hace entre los que creen en él y los que no lo hacen.  

En estos momentos complicados es donde se ve de qué madera estamos hechos, que es lo que hay en el fondo. Somos como el dentífrico, cuando nos aprietan, sale lo que hay adentro, ¿no? 

Oscar Ferro

Escuchaba el testimonio de un pastor que contaba que cuando era un adolescente consiguió un trabajo durante el verano en su ciudad. Muchos adolescentes aprovechan el verano para un trabajito de temporada para hacerse de unos pesos, pero este chico consiguió de ayudante en un cementerio. Sí, un cementerio. Allí ayudaba a hacer los pozos en la tierra, y todos los quehaceres de esa actividad.  

Él contaba la tremenda diferencia de los entierros de personas creyentes en Dios y los que no eran creyentes.  

Los que no creían estaban desesperados, gritando, con ataques de nervios, se desmayaban, etc. Pero los creyentes, aunque estaban doloridos, mantenían la calma y hasta a veces cantaban un canto cristiano o algún himno que le gustaba al familiar desaparecido.  

¿Saben qué? Ese testimonio hizo que él se entregara al Señor. Vio la tremenda diferencia entre los hijos de Dios y los que no lo eran.  

«El pueblo de Dios es el pueblo del testimonio. Es el que marca la diferencia.» 

Hoy quiero hablarte del cambio de fase. Es una frase a la que nos hemos acostumbrado, pero ¿qué significa para nosotros eso en lo espiritual?  Ahora lo veremos. Empecemos.  

A veces he tenido la experiencia de manejar el auto por alguna avenida de la ciudad y sentirme tan a gusto cuando todos los semáforos están sincronizados y se van poniendo en verde a medida que avanzo. ¡pero que desilusión cuando uno solo está fuera del orden y me toca frenar cuando se pone en rojo.  ¡Venía tan bien y un semáforo de-sincronizado me hace detener! 

Hasta hace unos días, nuestra ciudad, Mar del Plata iba bien, en fase 4 de la cuarentena y de repente estamos otra vez en fase 3. Se siente desilusionante volver atrás otra vez cuando ya estábamos disfrutando de más libertades en muchos aspectos.  Sabemos que es por el bien de la ciudad, que son muchos los contagiados de CoronaVirus y no queremos que aumenten los casos y colapse el sistema sanitario, pero no deja de ser frustrante. 

La luna tiene 4 fases diferentes.

Estaba investigando un poco la palabra “fase” y su origen. Es una palabra muy antigua que se usaba para describir la aparición de una estrella en el cielo y su brillo durante un período de tiempo. Entonces, la fase era el tiempo en que brillaba, desde su comienzo hasta su final. Era el destello de un astro. Por eso se habla de las fases lunares. Son las distintas apariciones de la luna en el cielo con las formas que le dan nombre: fase cuarto creciente, o fase cuarto menguante, luna llena, luna nueva. Cada una dura un tiempo, una semana más o menos.  

¿Hasta cuándo estaremos en fase 3? No lo sabemos. Solo esperamos que podamos avanzar de fase y no volver a retroceder. Oramos eso y creemos que Dios puedo ayudarnos.  

CUANDO CAMBIAMOS DE FASE EN LA VIDA ESPIRITUAL

Esto me hace acordar que una vez, Jesús se encontró con varias personas que querían seguirle. Cada una quería entrar a ser discípulos del Señor, y a cada uno Jesús le dijo el costo que eso tenía.  

Al primero le advirtió que si lo seguía no iba a ser una vida fácil, ya que Jesús mismo no tenía ni donde dormir, así que imaginemos sus discípulos.  

Al segundo le dijo que sus prioridades debían cambiar radicalmente y dejar que otros se ocuparan de los asuntos que lo tenían preocupado.  

El Evangelio de Lucas nos cuenta del tercero en el capítulo 9 versículo 61 y 62. Dice así: 

 “Otro dijo: —Sí, Señor, te seguiré, pero primero deja que me despida de mi familia.  62  Pero Jesús le dijo: —El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios.”   

Lucas 9:61-62

Esta persona quería seguir a Jesús, entrar en una nueva fase de su vida. Empezar a brillar como esas estrellas que vemos en el cielo, pero estaba atado emocional y sentimentalmente.  

Jesús no tenía el tiempo para esperar que él se despidiera de la familia. Él estaba pasando por allí y no se sabía si volvería. Era ahora o quizás nunca. Era la oportunidad de brillar, de entrar a la fase de alumbrar, no era para desperdiciar. EL tiempo era corto.  

Las personas que se acercan a Dios, entran en una fase distinta, empiezan a billar con una luz especial y alumbran a los demás.  

Jesús dijo eso de Juan el Bautista en Juan 5:35  

“Juan fue como una lámpara encendida que iluminaba al pueblo, y ustedes se alegraron de disfrutar de su luz por un tiempo.” 

Juan el Bautista tuvo su fase de alumbrar. Lo hizo desde antes de nacer hasta el día que fue muerto por los romanos.  

Esta persona que quería seguir a Jesús tenía un buen deseo, quizás fue llevado por la pasión que generaba la luz de Jesús. Se emocionó, se encandiló con aquella luz, pero no entendió de qué se trataba ser discípulo del Señor. Por eso Jesús le advirtió con un ejemplo que todos conocían:  

—El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios.”   

Jesús le dijo en otras palabras: “Mira, puedes venir a trabajar a mi campo. Necesito gente que prepare el terreno para una gran cosecha, que desmenuce la tierra seca, que prepare los bueyes y que ponga las manos en el arado. Pero el campo del reino de Dios no puede aceptar gente que una vez que puso las manos en el arado, mire hacia atrás, quiera volver a las cosas antiguas. Esa persona no es apta para el reino de Dios”.  

Los labradores debían dirigir los bueyes de tal manera que todos los surcos fueran derechos y así aprovechar toda la extensión del campo para un mejor rendimiento de la siembra. Pero si un labrador estaba distraído, su trabajo se vería descuidado y desprolijo.  

Mira mi hermano, no es tiempo de mirar para atrás. Este es un nuevo mundo. No podemos seguir añorando las cosas del pasado. No sabemos si lo que vivimos antes regresará. No sabemos cuánto tiempo tardará la vacuna en venir y ni siquiera sabemos si servirá. Todos esperamos que sí, pero no lo sabemos. Lo único que sabemos es que el escenario cambió, las reglas cambiaron y tú y yo tenemos todavía las manos en el arado. Mirando para atrás no sale derecho el surco.  

Esta es otra fase. En esta fase también debemos alumbrar y aún más porque la gente se siente frustrada y necesita una palabra, un ejemplo que las sostenga.  

Como Juan el bautista fuimos llamados a brillar para que otros se alegren con nuestra luz.  

El que pone las manos al arado y mira atrás, no es apto para el Reino de Dios.

El arado no era un paseo en aquel entonces. Hoy las máquinas que hacen los surcos en el campo están manejadas por un maquinista que va con aire acondicionado, wifi y parlantes surround.  

En la época de Jesús la fuerza motriz eran los bueyes, pero la dirección era del que araba. La tierra oponía resistencia al arado de madera y volaba el polvo que ensuciaba al trabajador. No era un trabajo fácil, no era para cualquiera, requería concentración y dominio de los animales.  

Ser cristianos hoy es parecido. Se siente la resistencia de la tierra. Y aunque la fuerza motriz no es nuestra, es de Dios, la dirección la ponemos nosotros y si estamos distraídos, mirando hacia atrás, añorando las cosas que perdimos, nos vamos a ir debilitando y cambiando la dirección de nuestras vidas. Vamos a retroceder de fase.  

¿Es posible seguir brillando entre tanta oscuridad? Sí, es posible, Dios lo hará en ti.  

La Biblia dice que como la aurora va en aumento de luz hasta que el día es perfecto, así nosotros vamos de gloria en gloria y de poder en poder. También dice que nadie enciende una lámpara y la esconde, sino que la pone sobre un estante alto para que alumbre a todos los de la casa. Que una ciudad sobre un monte no se puede esconder.  

Jesús nos exhortó a que nuestra luz brille delante de los hombres para que vean nuestras buenas obras y ellos alaben a Dios por nuestro testimonio.  

No retrocedas de fase. Que no te veamos en cuarto menguante como la luna que en esa fase brilla, pero cada día menos hasta que no la vemos más. Como la luna, nuestra luz no es nuestra, reflejamos la luz de Aquel que brilla en nosotros.  

Cuando Dios hizo la luna dijo “para que señoree en las noches”. Hoy es la noche oscura de la humanidad y tú y yo tenemos que brillar.  

Enseña las verdades de Dios a las multitudes, hazles saber que Dios los ama, que todavía hay esperanzas, salvación, restauración y vida en Jesús.  Si lo haces, hay una profecía que para ti en este día:  

Daniel 12:3  Los hombres y mujeres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarán como la bóveda celeste. ¡Brillarán para siempre, como las estrellas! 

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