CUANDO LA SED SE SIENTE EN EL ALMA

Tener sed nos pasa a todos, ¿no es verdad? ¿Recuerdas algún día cuando dijiste “dame un poco de agua, me muero de sed”?

Bueno, no es una exageración, se siente como que, si no tomamos agua pronto, nos vamos a morir. Como en esos días de calor intenso del verano cuando nuestro cuerpo necesita más agua y entonces la sed se hace presente.

Hay dos razones básicas por las que se tiene sed:

Una es cuando el cuerpo le informa al cerebro que los niveles de agua han descendido por alguna causa (puede ser fiebre, deshidratación por ejercicio físico o por descuido en tomar el agua necesaria y adecuada),

Pero también, el cuerpo envía una señal a nuestro cerebro cuando hay sustancias ácidas o saladas, que necesitan ser neutralizadas con agua. Todos hemos sentido sed luego de comer algo muy salado, ¿no es verdad? Eso ocurre porque la sal puede dañar partes de nuestro cuerpo y necesita ser diluida con agua, entonces las células de tu cuerpo envían señales al centro de la sed en el cerebro para que tomes líquido que arregle esa situación.

CUANDO JESUS TUVO SED

Un día, Jesús se trasladaba de Judea a Galilea, un viaje de 160 km a pie, que llevaba más o menos tres días. En medio se encontraba la provincia de Samaria, y todos los viajeros judíos la rodeaban o la evitaban porque samaritanos y judíos estaban peleados. Pero Jesús sintió la necesidad de pasar por Sicar, una de las ciudades de Samaria.

Sicar, que todavía existe bajo otro nombre, Nablus, era una ciudad poco común ya que allí se refugiaban todos los asesinos, ladrones y estafadores de medio oriente. Era lo que se llamaba una ciudad de refugio hasta que los jueces determinaban la inocencia o culpabilidad del delincuente. Imaginen el ambiente de aquella ciudad.

Ya el nombre Sicar era una señal porque ese nombre significaba “borracho, o borrachera”.

Todos evitaban aquella ciudad, pero no Jesús. El sintió una atracción especial por ella y la Biblia lo describe con estas palabras “sintió la necesidad de pasar por Samaria”.

Quizás también tú vivas en un ambiente complicado en tu familia, en tu trabajo, en la ciudad. Las cosas tardan mucho en resolverse y la ansiedad crea la sed del alma.

El Salmista David decía:

Salmo 42:1 Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así te anhelo a ti, oh Dios. 2  Tengo sed de Dios, del Dios viviente.

El Rey David sabía muy bien cuál era su necesidad: necesitaba a Dios como un ciervo sediento necesita el agua en el desierto. Su sed en el alma solo podía ser saciada con Dios.

UN ENCUENTRO EN EL POZO

Cuando Jesús llegó a Sicar, el tenía sed de agua porque había caminado mucho junto a sus discípulos. La única manera de encontrar agua era llegar a los pozos que había en el camino para darle de beber a los viajeros y a sus animales.

Fue en ese momento cuando la mujer samaritana se acercó para buscar agua al pozo y se encontró con Jesús.

La conversación fue acerca del agua, claro. Pero mientras que Jesús le pedía agua del pozo, el vio en los ojos de aquella mujer una sed del alma que nadie podía saciar. Digo que lo vio en sus ojos porque las mujeres se cubrían el rostro con un velo y solo se les veían los ojos y es en los ojos donde se ve la sed del alma.

Hoy también los ojos pasaron a ser los protagonistas de nuestros rostros ya que al salir de nuestras casas debemos usar un tapabocas o barbijo y solo se puede ver la expresión de nuestra cara a través de ellos. ¿Qué dicen tus ojos? ¿Qué transmiten? Muchos no se darán cuenta de tu estado de ánimo, de tu ansiedad, de tu carga, pero Jesús sí se da cuenta. Él siente el impulso, la necesidad de pasar por tu casa a pesar de que pueda haber un ambiente difícil o de angustia.  Él ha visto tu sed en el alma. La cuarentena, el aislamiento nos ha alejado de nuestros amigos, de la familia y eso nos entristece.

En el mismo Salmo el rey David dijo:

Salmo 42:4  Se me destroza el corazón al recordar cómo solían ser las cosas: yo caminaba entre la multitud de adoradores, encabezaba una gran procesión hacia la casa de Dios, cantando de alegría y dando gracias en medio del sonido de una gran celebración.

Creo que es lo que todos sentimos. Extrañamos los abrazos, las juntadas, las celebraciones en familia, con amigos, y eso nos angustia mucho.  

La mujer samaritana había buscado aliviar su carga interior pasando de una relación a otra. Su pareja actual era la sexta y encima era el esposo de otra mujer. Estaba buscando saciar la sed de su alma con métodos que no la ayudaban.

Recuerdo que en una ocasión Jesús estaba entre la multitud de gente que había asistido a la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén y se subió a un lugar alto y desde allí empezó a gritar:

Juan 7:37 «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí!  38  ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”.

Esta invitación estaba dirigida a los que tenían sed en el alma y la promesa era que si se acercaban a Jesús no solo no tendrían más sed, sino que serían un río de agua viva para saciar la sed de muchos más.

La mujer samaritana no tenía idea cuando salió de su casa para hacer una tarea cotidiana como la de ir a buscar agua al pozo, que se encontraría con el autor de la vida, el único que podía aliviar su sed interior de amor, de aceptación, de cariño. Se puso tan contenta que salió corriendo a contarle a todos lo que había pasado y todo aquel pueblo tuvo un encuentro con Jesús. Pasó de ser una sedienta del alma a una dadora de agua de vida para muchos más.

El salmo 42 expresa tan bien la situación del alma sedienta. Dice a continuación:

Salmo 42:5  ¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Lo alabaré otra vez, ¡mi Salvador y 6  mi Dios! Ahora estoy profundamente desalentado, pero me acordaré de ti.

David no se reconocía a sí mismo. Él decía: “este no soy yo, ¿por qué estoy así si tengo Dios?”

Eso mismo deberíamos hacer si es que el desánimo y la tristeza han llegado al corazón. Jesús quería pasar por tu casa hoy y darte de beber de sus ríos de agua viva. No estás solo, sola, hay agua para tu sed del alma.

Quizás digas “mi casa es como aquella ciudad de Sicar, es un ambiente terrible, inseguro, inestable.” Pero Jesús tuvo necesidad de pasar hoy por tu casa para cambiar ese ambiente de manera radical.

Hace unos minutos te contaba que la sed se produce porque los niveles de agua han bajado en nuestro cuerpo o porque sustancias ácidas o saladas necesitan ser diluidas.

¿Han bajado tus niveles de agua de vida hasta tal punto que se han encendido las alarmas de la sed del alma?

¿Hay en tu corazón impurezas que necesitan ser lavadas con el agua de vida y así ser neutralizadas?

Isaías 12:3  dice

“Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación.”  

Aceptalo ahora y las cosas serán totalmente distintas.

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