«Y aún si el Señor no lo hiciera»

_Y aún si el Señor no lo hiciera_

 

Esta es la historia de tres jóvenes que no se dejaron doblegar por la cultura y las costumbres de su época. Veamos qué pasó. 

La política imperialista expansionista no es nueva, es la historia de la humanidad. Países poderosos invadiendo países más pequeños e indefensos siempre ocurrieron. Las invasiones incluían la destrucción de edificios, la matanza de gente, la expropiación de tierras y la imposición del terror como manera de gobernar las nuevas tierras conquistadas. Con la invasión de los países también se invadía la cultura del país vencido. Se cambiaban las costumbres, se imponían sus dioses y creencias y se imponía su idioma. 

Eso fue lo que sucedió cuando el Impero Persa Invadió Israel. 

La Biblia nos dice que llegaron a la ciudad de Jerusalén y la sitiaron, la rodearon hasta que cayó. Se llevaron a Persia los objetos sagrados del templo, todo lo que tenía valor y se llevaron también a los jóvenes más capaces para entrenarlos en la cultura persa. 

La historia dice que alrededor de 6000 jóvenes fueron llevados cautivos a Babilonia para ponerlos bajo un programa de entrenamiento y adoctrinamiento. Los separaron de sus familias y de todo lo que les resultaba familiar para reprogramarlos a la cultura persa. La reprogramación de los jóvenes incluía que olvidaran toda su educación anterior para adoptar toda la cultura persa y olvidaran al Dios en el que habían creído. Los jóvenes que nombra la Biblia, Daniel, Sadrac, Mesac y Abed Nego, eran adolescentes cuando fueron llevados cautivos. 

Un día, el Rey de Babilonia, Nabucodonosor tuvo la idea de hacerse una estatua de 30 metros de alto para que todos la adorasen. Así lo cuenta la Biblia: 

Dan 3:1   El rey Nabucodonosor mandó hacer una estatua de oro, de veintisiete metros de alto por dos metros y medio de ancho, y mandó que la colocaran en los llanos de Dura, en la provincia de Babilonia. 4  Entonces los heraldos proclamaron a voz en cuello: «A ustedes, pueblos, naciones y gente de toda lengua, se les ordena lo siguiente:  5  Tan pronto como escuchen la música de trompetas, flautas, cítaras, liras, arpas, zampoñas y otros instrumentos musicales, deberán inclinarse y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha construido.  6  Todo el que no se incline ante ella ni la adore será arrojado de inmediato a un horno en llamas.»  

Pero, los tres jóvenes judíos no quisieron adorar la estatua del rey y se enteraron los funcionarios del gobierno y los denunciaron ante Nabucodonosor. Entonces el Rey los llamó y les dijo: 

Daniel 3:14  les preguntó: –¿Es verdad que vosotros no adoráis a mis dioses ni a la estatua de oro que yo he mandado hacer?  15  ¿Estáis dispuestos, tan pronto como oigáis la música, a inclinaros ante la estatua que yo he mandado hacer, y adorarla? Porque si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente a un horno encendido, y ¿qué dios podrá entonces salvaros? 16  –No tenemos por qué discutir este asunto –contestaron los tres jóvenes–.  17  Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que Su Majestad quiere hacernos. Y nos librará.  18  Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro.

Me encanta esta última frase: “pero aun si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro”. 

Algunos pueden decir que esta historia es muy antigua y que hoy no ocurren estas cosas. Bueno, déjenme decirles que es todo lo contrario. El espíritu de Babilonia sigue actuando hoy igual. Tiene atrapados a los jóvenes y quiere cambiar su cultura, sus creencias, sus costumbres. Lo hace también a través de la música, como lo hizo el rey Nabucodonosor. Hay presión sobre nuestros jóvenes para que dejen de adorar a Dios y adoren la estatua. Hoy no hay estatuas de 30 metro de altura como la que se hizo hacer el rey, pero hay otros ídolos, como el deporte, los influencers de las redes, la pornografía, el placer, la política, las series, las películas, la moda, música, éxito. Nosotros vivimos en Babilonia y Babilonia quiere que nos arrodillemos y adoremos sus ídolos. 

Algunas de las cosas que nombré NO son malas en sí mismas. Pero cuando alguna de ellas es tan importante que me separa de la comunión con Dios, entonces se transforma en un ídolo, en un dios para mí. ¿Qué es un dios? Algo a lo que le dedico mi mente, mi físico y mi corazón. No se puede servir a dos señores dijo Jesús, porque amarás a uno y aborrecerás al otro. Cuando le dijimos que sí a Jesús le dijimos no a muchas cosas de este mundo. 

SEREMOS TENTADOS A POSTRARNOS Y ADORAR OTROS DIOSES

 pero aprendamos de estos tres jóvenes que dijeron: “No vamos a discutir con usted este asunto. Dios nos puede salvar y nos salvará. Pero aún si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro.” 

Estos jóvenes estaban en Babilonia pero Babilonia no estaba en ellos. Ellos eran diferentes para hacer una diferencia. Si nosotros no hacemos la diferencia, quién lo va a hacer. Debemos orar para que nuestros jóvenes sean líderes y no sean quienes son arrastrados por la corriente. Los líderes siempre van contra la corriente, no a favor de ella. 

A estos jóvenes le cambiaron la residencia, le cambiaron las vestiduras, les cambiaron la dieta y hasta le cambiaron sus nombres, pero no le cambiaron la devoción que tenían con Dios. No tienes por qué arrodillarte ante las presiones de este mundo. Dios puso un espíritu diferente en ti y es el Espíritu de Dios, poder de Dios, unción de Dios para ser diferente. La gente no va a asistir a nuestras iglesias si ve que los cristianos se comportan igual que todo el mundo. 

Estos jóvenes dejaron sus hogares, pero lo que aprendieron en sus hogares nunca los dejó. 

Cuando el rey les dio una nueva oportunidad para que se postraran y adoraran su estatua, y noten que el diablo siempre va a dejar una puerta abierta para que vuelvas a arrodillarte ante este mundo y sus ídolos, ellos respondieron: 

“No vamos a discutir con usted este asunto. Dios nos puede salvar y nos salvará. Pero aún si no lo hiciera, no adoraremos su estatua de oro.”

NUESTRA FE SERÁ PROBADA

Yo noto aquí tres tipos de fe: 

  1. Dios nos puede salvar

Este tipo de fe es la del que está convencido del poder de Dios porque lo ha leído en la Biblia. Sabe que Dios es creador, que él nos puede librar del poder del enemigo, que es nuestro proveedor, que nos sana, que nos libera. Es el tipo de fe que se basa en el conocimiento más que en la experiencia. 

Sabe que en tiempo de la prueba Dios es capaz de librarlo, es capaz de rescatarlo. Su frase es: Dios puede. 

2. Dios lo hará. 

Esta segunda clase de fe es la que se anima a pronunciar palabras de fe. Ha pasado del conocimiento a la declaración profética. Demuestra el carácter de Dios que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran. 

Se anima en fe a ser optimista cuando todos son pesimistas. Se anima contra toda esperanza y espera con fe el milagro. Y reciben el milagro porque actúan con fe. Su frase es: Dios lo va a hacer. 

3. Y aun si no lo hiciera

Esta es la fe que se somete a la soberanía de Dios. Es la fe que dice “pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. “Señor, si lo que te pido no es lo que tenías planeado para mí, cancela mi petición.” 

Es la fe de Job que dijo frente a sus acusadores: 

Job 13:13  »Ahora quédense en silencio y déjenme en paz. Permítanme hablar y afrontaré las consecuencias.  14  Así es, me jugaré la vida y diré lo que realmente pienso.  15  Dios podría matarme, pero es mi única esperanza; voy a presentar mi caso ante él.  

Jesús sabía que el Padre lo podía librar de aquella muerte horrenda en la cruz pero también sabía que no lo iba a hacer por el bien de millones de personas entre las que estamos tu y yo. 

SI él hace lo que le pedimos, ÉL es Dios. Pero aún si no lo hace, Él es Dios. Esa clase de fe que se somete a la soberanía de Dios es la que prevalece frente al enemigo que quiere que le adoremos o suframos las consecuencias. 

Aquellos tres jóvenes no se arrodillaron al escuchar los instrumentos musicales y fueron arrojados al horno de fuego. Allí dentro Dios mismo los visitó y el fuego nos los dañó. Cantaban canciones de alabanza a Dios y elevaban gratitudes por su gran poder. Cuando Nabucodonosor observó que no eran tres sino cuatro los hombres adentro del horno ardiente de fuego, se conmovió y se asustó porque el cuarto hombre tenía la apariencia de un dios. 

Cuando los hicieron sacar del horno, ni siquiera tenían olor a humo. 

Toda Babilonia conoció al Dios de Sadrac, Mesac y Abed Nego. Los funcionarios que los habían acusado con malicia porque les tenía envidia, fueron arrojados al horno de fuego donde murieron y a ellos tres los promovieron a cargos mucho más altos de los que tenían. 

Nabucodonosor decretó que todas las provincias de Babilonia adoraran al único Dios verdadero, o sea, se produjo un avivamiento sin precedentes por el testimonio de estos tres chicos. 

¿Y tu? ¿Qué esperas para enfrentar esa tentación en oración, para enfrentar ese vicio en clamor a Dios para decirle “no me arrodillaré ante ti, yo estoy encima y no debajo?”. ¿Qué esperas para hacer una diferencia y decirle al tentador: Dios me librará de tu mano, y aun si no lo hace, no te adoraré, ¿aunque me cueste la vida?

Hoy necesitamos hombres y mujeres de fe que sepan que serán tentados, que su fe va a ser probada y que van a salir victoriosos.

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