¿Has visto a mi padre? (En un mundo sin padres, hay un Padre para el mundo)

Cuando nacemos, venimos a este mundo sin terminar. Dios le da al ser humano un papá y una mamá para que ellos lo formen para la vida.

Cuando por alguna razón el papá o la mamá están ausentes, se produce una carencia afectiva que es muy difícil de reemplazar.

A veces los papás están presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente. No hay contacto estrecho, abrazos, juegos, palabras de cariño, de afirmación.

La primera y segunda guerra mundial dejó sin padres a Europa y América. Millones murieron dejando huérfanos de padre a una generación entera.

Las consecuencias de eso se vieron en los años 50, 60 y 70 cuando la juventud se reveló contra la sociedad.

En realidad, fue un grito inmenso de una generación sin padres.

Otra guerra está dejando al mundo sin padres en el día de hoy y es la guerra por subsistir económicamente. Los chicos quedan solos en la casa mucho tiempo porque los padres tienen que salir a trabajar. Ese tiempo sin papá y mamá no se recupera más. Muchísimos de esos chicos hoy son adolescentes con problemas de autoestima, no encuentran su destino, no saben qué estudiar y su refugio emocional está en las drogas o el alcohol.

Hay una necesidad inmensa de un padre que llene el vacío que dejó su ausencia. Es como ver a un niño preguntando: “¿Has visto a mi papá?”

Un Padre para el mundo

La historia de los dioses de la humanidad es muy interesante.

Todos ellos tenían alguna característica especial y cada uno tenía alguna debilidad.

Su carácter era muy cambiante y podían volverse muy agresivos y vengativos, así que había que tener cuidado con ellos.

EL padre de Zeus, uno de los dioses griegos que todavía se adora en Grecia, se comía a sus hijos porque no quería que alguno de ellos fuera mejor que él. La mitología dice que la madre de Zeus lo escondió para que su padre no se lo comiera.

Más adelante, Zeus se peleó con su padre y le dio muerte.

Cada uno de esos dioses se encargaba de algún aspecto de las necesidades humanas. Había dioses para las cosechas, para la siembra, para el amor, para la fertilidad, para calmar las tormentas, para los mares, para la sabiduría, etc.

Ninguno de ellos adoptó la figura de Padre amoroso, compasivo, fiel, protector, como lo hizo nuestro Dios. Por eso el Señor está tan lejos de todos los dioses de la historia porque el nos dio todo, hasta su propio hijo por nosotros.

Dios decidió ser padre de la humanidad.

En un mundo sin padres, hay un Padre para el mundo.

La escritura nos dice en Salmos 18:30 que los caminos de Dios son perfectos, que Él es un Dios fiel que no hace daño y que es justo y verdadero (Deuteronomio 32:4). Todas estas características y muchas más lo convierten en el padre perfecto que quizás nunca tuviste.

Si no tuviste un padre al cual te fuera fácil acercarte, o un padre amoroso, te quiero decir que Dios es todo eso y mucho más. Él es tu Padre Celestial y su deseo es acercarse y estar siempre presente en la vida de sus hijos.

Veamos algunas cualidades de nuestro Padre Celestial.

1. Su paciencia y bondad nunca se acaban

Si alguna vez sentiste que a tu padre se le acabo la paciencia por las cosas que hacías o no hacías, no te preocupes, la gracia, paciencia y bondad de Dios son infinitas.

EL Salmo 103:17 dice: “Mas la misericordia del SEÑOR es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos” y en el Salmo 106:1 podemos leer: “¡Aleluya! Dad gracias al SEÑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.”

Esto significa que no solamente la bondad y paciencia de Dios son eternas, sino que también es eterna capacidad de perdonar. El Salmo 103:12 nos asegura que: “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.” Esto quiere decir que tu Padre Celestial jamás, jamás usara tu pasado en tu contra.

2.     Siempre puedes acercarte a Él

Dios nunca tiene un día malo, nunca está de mal humor y nunca está demasiado distraído o lejos para atender a sus hijos. Cuando estas en una relación con el hijo de Dios, Jesucristo, tienes completo y total acceso al corazón del Padre Celestial. En Hebreos 4:16 podemos leer “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”

3.     Jamás tendrás que ganarte su amor       

Puede ser que en algún punto sentiste que tendrías que ganarte el amor y la aprobación de tu padre por medio de logros que lo orgullecieran. La verdad que Dios no es así. En Romanos 5:8 encontramos que dice “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Siendo aún pecadores, esto quiere decir mientras estábamos en contra de su voluntad, que estábamos en desobediencia, que hicimos a un lado su amor y confianza en nosotros, y aun así nos amó hasta lo último de su vida. Un amor como el de Dios jamás encontraremos en esta tierra.

Dios decidió amarte por siempre y no hay nada que puedas hacer que pueda cambiar esa realidad y amor.

4. Jamás te equivocarás tanto como para que Dios deje de amarte  

Ya que no hay nada que puedas hacer para ganar el amor de tu Padre Celestial, tampoco hay nada que puedas hacer para perderlo. Dios te ha regalado su amor infinito. Romanos 8:38-39 nos recuerda “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

En otras palabras, no existe ninguna circunstancia, visible o invisible, poder, persona, acción, inercia, o estancamiento que nos pueda separar del amor de Dios. Esto es una poderosas verdad. Una promesa que solo tu Padre Celestial tiene el poder de cumplir. Cualquier persona en este mundo que diga amarte por siempre y nunca dejarte tendrá momentos de separación al menos temporales de ti. Pero la palabra de Dios promete que nunca ni siquiera la muerte podrá separarnos de su inmenso amor

5. El quiere darte lo mejor

si tu padre siempre estuvo atento a tus necesidades como una prioridad, tienes que saber que has podido experimentar una pequeña parte de lo que Dios hace por nosotros siempre. La diferencia está en que Dios nunca va a fallar y un padre terrenal por muy bien intencionado que sea jamás podrá ser perfecto. El libro de Romanos 8:32 nos enseña “El que no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?”

De la misma manera vemos en Mateo 7:11 que Jesús nos dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? Dios sabe exactamente lo que necesitas y lo que quieres y en su infinito amor y sabiduría siempre nos enseña el camino, la respuesta y las cosas que son buenas para nosotros, aunque no sea siempre lo que nosotros queremos, Dios tiene la razón.

6. Te ama lo suficiente para disciplinarte

Puede que te cueste trabajo entender este punto, especialmente su alguna vez fuiste disciplinada por tu padre con enojo en vez de con amor.

La Palabra de Dios dice en Proverbios 3:11-12 “Hijo mío, no rechaces la disciplina del SEÑOR ni aborrezcas su reprensión, porque el SEÑOR a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita.”

Confía que Dios tu Padre Celestial te protege e instruye con cada una de sus palabras y disciplinas.

7.  Su tiempo es perfecto

Dios no comete errores y tampoco olvida sus promesas. A diferencia de los padres humanos, su tiempo siempre es perfecto, cuando pone algo en espera no es porque este enojado o porque te quiera castigar, tampoco quiere decir que no ha escuchado tus oraciones, muy por el contrario, en la escritura podemos ver que “Porque sol y escudo es el SEÑOR Dios; gracia y gloria da el SEÑOR; no le niega nada bueno a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).

Si sientes que has estado haciendo todo bien pidiéndole algo a Dios sin encontrar respuesta, hay una razón legítima: o puede que no sea de verdad algo bueno para ti, o el tiempo no es el indicado. Confía en Él. Confía en lo que Él sabe. Él sabe dar buenos regalos a aquellos que esperan con paciencia en su voluntad.  

8. Te conoce íntimamente

Es una de las necesidades más profundas de la raza humana, ser conocidos íntimamente. Aun así, a veces escondemos quienes somo en verdad ya sea por miedo al rechazo o por vergüenza o por inseguridad. Pero no importa qué hagamos para escondernos, la Biblia nos dice que Dios nos creó y nos conoce íntimamente.

El Salmo 139:1-3 nos dice “Oh SEÑOR, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos.”  Dios ya conoce tus pensamientos aun antes de que tú mismo los tengas, tus palabras antes de decirlas y tus acciones antes de cometerlas. Aun con todo esto, Dios anhela estar contigo y dejar que tú lo conozcas a Él con la misma intimidad. Dios te ama como el Padre Perfecto que es.

Por último, Dios es Padre de sus hijos.

Parece una redundancia, pero Dios es padre solo de los que han ingresado en su familia voluntariamente. No todos son hijos de Dios sino los que han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Eso se hace por la fe y con una oración de entrega al Señor.

Dice la Biblia en Juan 1:11-12 “Jesús vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.”

Recibir a Jesús en el corazón es un acto de fe en el cual entregamos toda nuestra vida a Él para que Él haga de nuestras vidas algo nuevo.

Si tú quieres recibir a Jesús en tu corazón puedes hacer la siguiente oración:

“Señor Jesús, gracias porque me amas y entiendo que te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Ocupa el trono de mi vida y hazme la persona que tú quieres que sea. Perdona todos mis pecados. Gracias por escucharme y por entrar en mi vida. Amén.”

Si has hecho esta oración con sinceridad, Jesús está ahora en tu vida. Hay una promesa en la Biblia que dice: “Si alguno se une a Cristo, es una nueva criatura. las cosas viejas pasaron y ahora todas son hechas nuevas.” 2Corintios 5:17

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