¿Necesitas un cambio de corazón?

UN CAMBIO Y UN REGALO

Dios es bueno, siempre ha sido bueno y lo sigue siendo hoy, ¿no es verdad? No nos ha pagado por lo que merecíamos, sino que nos ha dado su gracia real.

La gracia es esa actitud que tienen los reyes para perdonar las deudas de alguien que no puede pagar. Se llama gracia porque no es por la buena conducta del deudor sino por la bondad del Rey. A veces se les llama a los reyes “su graciosa majestad” no porque sean graciosos de chistosos sino porque muestran gracia, favor, bondad y misericordia al pueblo. Dios ha tenido misericordia de nosotros una semana más. Gloria a Dios.

Hoy quiero celebrar junto con ustedes un acontecimiento que marcó la historia de la humanidad: la fiesta de Pentecostés.

Esta fiesta es muy importante para nosotros los cristianos porque marca el comienzo de la iglesia. No era una fiesta nueva cuando ocurrió. El pueblo de Israel la celebraba todos los años y se llamaba “la fiesta de las cosechas”. Era un tiempo de regocijo porque simbolizaba la alegría de recoger los frutos del esfuerzo y el trabajo duro del año.

Aquel día de Pentecostés del año 33 fue especial porque el Espíritu Santo descendió a la tierra para llenar los corazones de todos los que creen en Jesús como el Señor y Salvador.

Quisiera que prestes atención a esta charla porque seguramente te cambiará la vida. ¿Empezamos? ¡Vamos!

Antes de aquel día especial de Pentecostés, el Espíritu Santo trabajaba sobre la Tierra. Estuvo presente en la creación ordenando el caos que había antes que la tierra fuera habitada por el hombre.

Fue soplado sobre los primeros seres humanos y ellos fueron llamados “almas vivientes” desde ese momento.

Descendió sobre poderosos hombres de Dios como los profetas, sacerdotes y reyes de Israel. Los inspiró a escribir los libros que hoy tenemos en la Biblia y a profetizar las cosas que se fueron cumpliendo a lo largo de los siglos hasta hoy.

Pero Dios tenía en mente algo mayor: derramar de su Espíritu sobre toda la humanidad.

Así lo prometió a través del profeta Joel:

Joel 2:28   “Después de estas cosas derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad: sus hijos e hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes visiones.  

Tal cual es lo que ocurrió aquel Pentecostés que hoy celebramos.

El Espíritu Santo vino sobre gente común y corriente y los transformó en personas increíbles, poderosas, milagrosas. Los transformó en héroes de la fe. Los llenó de valentía y poder para sanar, liberar y hacer milagros. Les cambió el corazón y les dio de Su espíritu dentro de ellos para cumplir su promesa.

Jesús anunció la llegada del Espíritu Santo como una promesa del Padre.

Pedro, un pescador temeroso y cobarde fue transformado en el primer valiente predicador de la resurrección de Jesús el día de Pentecostés.

Él dijo: Hechos 2:32  Dios ha resucitado a Jesús, y de ello somos todos nosotros testigos.  33  Enaltecido y puesto por Dios a su mano derecha, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, el cual, a su vez, él repartió. Eso es lo que están viendo y oyendo. 

El Espíritu Santo fue una promesa: Jesús dijo: “es la promesa de mi Padre”

Dios mismo le había prometido a Jesús: “Hijo, cuando vuelvas triunfante de la Cruz y de la Muerte, te daré mi Espíritu para que lo derrames sobre toda la humanidad.”

¿Por qué prometería Dios eso? Porque ve la condición de la humanidad, que no quiere obedecer las leyes de Dios y tampoco puede.

Lo más cercano a una vida que agradara a Dios fue la religión y aún la religión no ha podido sacar la maldad de los corazones de la gente. Muchas veces la religión ha transformado a la gente en peores personas aún.

Vemos con mucha tristeza a los que dicen ser representantes de Dios o de una religión hacer cosas terribles en nombre de su dios.

Guerras interminables se han hecho por causa de la religión. Cada ejército decía estar luchando por dios. ¿quién tenía la razón? La religión se transformó en el factor más fuerte de división entre los seres humanos. 

¿Pero qué es la religión?

Es una serie de rituales y ceremonias que alguien adopta como un ejercicio espiritual. Es el intento del hombre de llegar a recibir las bendiciones de Dios con una buena conducta, con cumplir mandamientos, hacer penitencias, procesiones, sacrificios, rituales, etc.

¿La verdad? Ninguna de esas cosas crea un hombre o una mujer nuevos. Los hace sentir bien momentáneamente pero no les cambia la vida. La religión no cambia vidas. El Espíritu Santo sí. Por eso Dios quiso derramar su Espíritu sobre toda la humanidad, para cambiar esa historia de fracasos.

Hace unas semanas tuve que hacer el trámite on line para tener el permiso de circulación en este tiempo de cuarentena. Cuando miré en la lista de trabajadores esenciales había un apartado que decía: “se permitirá la circulación de los ministros de los diferentes cultos para brindar ayuda espiritual a los que necesiten”. Muy bien hasta ahí, pero cuando empecé a llenar los datos que me pedía, en el casillero de mi actividad tuve que poner “religioso” porque esa la única opción que había para describir mi tarea como pastor.

Para el gobierno y para mucha gente nosotros somos religiosos. Profesionales de la religión. Yo llené el formulario, no me voy a poner a pelear con el gobierno diciéndoles “religiosos serán ustedes, yo soy un hijo de Dios llamado a predicar las buenas noticias del evangelio”.

Después vino la aplicación Cuidar. Otra vez a llenar casilleros sobre si tengo fiebre, si le siento gusto a las comidas, si tengo tos, y cuando ya llené todo, me dice: “Listo, no tiene Covid 19 ya puede salir a trabajar por 48 horas”.

¿Ves? Según esta aplicación Religión es igual a trabajar para lograr algo.

¡Que distinto es el pensamiento de Dios sobre esto! ÉL nunca quiso que los seres humanos tengamos una religión. Él quiso derramar de su Espíritu sobre tu vida para que seas un hombre, una mujer nuevos. Por eso hizo la promesa de derramar de su Espíritu luego de perdonar todos nuestros pecados a través de Jesús en la Cruz.

La promesa de Dios está expresada en el siguiente pasaje de la Biblia:

«les daré un corazón nuevo y pondré un 𝒆𝒔𝒑í𝒓𝒊𝒕𝒖 nuevo dentro de ustedes. Quitaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi 𝒆𝒔𝒑í𝒓𝒊𝒕𝒖, y 𝒉𝒂𝒓é 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒏𝒅en en mis estatutos y que guarden mis preceptos y los pongan por obra». Ezequiel 36:26-27

La promesa de Dios abarcaba dos aspectos:

  1. Quitar el corazón de piedra para reemplazarlo con un corazón de carne.
  2. Poner en nosotros su espíritu.

Vamos por partes. ¿Por qué le llama Dios a nuestro corazón un corazón de piedra? Podemos pensar que nos ve como tercos, duros, difíciles de llevar, de cambiar.

Miren, creo que esto va un poco más allá en base a la promesa que Dios hizo.

Si recordamos, Dios le dio a Moisés los diez mandamientos escritos en tablas de piedra. Desde allí, el pueblo de Dios ha tratado de guardar los mandamientos escritos en piedra y ha hecho de esos mandamientos su religión.

¿Entienden eso? Un corazón de piedra es un corazón que trata de agradar a Dios cumpliendo mandamientos. Es un corazón religioso. La Biblia dice que no hay una sola persona justa, buena en toda la historia de la humanidad, salvo Jesús. Esa es la mirada de Dios sobre nosotros. Nadie puede alcanzar la expectativa de Dios.

La religión ha endurecido el corazón de los seres humanos y nos ha hecho juzgar a los demás poniendo el orgullo religioso por delante y menospreciando a los “infieles y ateos que no piensan ni actúan como nosotros”.

En lugar de ese corazón de piedra, de religión, Dios promete cambiarlo por un corazón humano, de carne. Ese es un corazón auténtico que reconoce sus limitaciones y se vuelve humilde y necesitado de Dios. Es un corazón que no juzga a los demás seres humanos, sino que los ama y los comprende.

Pero la promesa del Padre no termina allí, en un cambio de corazón, en destronar la religión. Él promete poner Su espíritu dentro tuyo para hacer que con su poder puedas cumplir con los mandamientos de Dios.

Su Espíritu está en vos para ayudarte, guiarte, fortalecerte, revelarte la verdad del Padre, manifestar sus dones, sus frutos, sus milagros y poder sobrenaturales. ¡Aleluya!

Hebreos 10:16-17 dice:  «Éste es el nuevo pacto que haré con mi pueblo en aquel día —dice el SEÑOR —: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente». 17  «Nunca más me acordaré de sus pecados y sus transgresiones».

Gracias Señor, nunca más un corazón piedra, ahora tenemos un corazón nuevo con las leyes de Dios escritas en él, con la mente llena de su Palabra.  

San Pablo lo escribió así en 2Corintios 3:3  Es evidente que ustedes son una carta de Cristo escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. 

Decile fuera a la religión y dale la bienvenida al Espíritu Santo que está sobre tu vida. Él es Espíritu que vivifica tu alma y tu cuerpo. Tu mente se renueva día a día y se llena de expectativas de bendición y gloria.

EL profeta Ezequiel termina esos gloriosos versículos sobre la promesa del Padre con las siguientes palabras de Dios:

Ezequiel 36:28  Ustedes vivirán en la Tierra prometida, y serán mi pueblo y yo seré su Dios.29  Los libraré de todo lo que los manche. Haré que el trigo abunde y no volverán a pasar hambre.  30  Haré también que los árboles y los campos den más fruto, para que no vuelvan a pasar vergüenza delante de las otras naciones por causa del hambre.  33  ‘Yo, el Señor, digo: Cuando los purifique de todos sus pecados, haré que vivan en sus ciudades y que reconstruyan las ruinas.  34  La tierra que había quedado desierta, en vez de seguir desierta será cultivada a la vista de todos los que pasan.  35  Y se dirá: Esta tierra, que había quedado desierta, ahora se parece al jardín de Edén; las ciudades que habían sido destruidas, arrasadas y convertidas en ruinas, ahora son fortalezas y están habitadas.  36  Entonces los pueblos vecinos  reconocerán que yo, el Señor, reconstruyo lo destruido y vuelvo a sembrar lo arrasado. Yo, el Señor, lo he dicho y lo realizaré.  

El pensamiento hebreo sobre lo espiritual es muy diferente al pensamiento griego que rige nuestra sociedad occidental. Para el pensamiento occidental lo espiritual es abstracto, no se puede tocar ni ver, pero para el pensamiento hebreo lo espiritual es concreto, tangible, se puede ver y tocar.

Dios prometió que junto con Su Espíritu vendrían cosas concretas. Bendiciones traducidas en prosperidad y salud, bienestar y nueva esperanza. ¿Cuántos las reciben ahora?

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