CÓMO SALIR DE LA MENTALIDAD DE POBREZA

¿Por qué se llama a Jesús el Redentor? Aquí en Argentina, en Mendoza tenemos una estatua en las montañas altas que se llama el Cristo Redentor.

¿Pero, de qué nos redimió el Señor?

Vamos del principio. ¿Cuántos entienden la palabra redención?

Redención es un acto por el cual se da por terminada la esclavitud de una persona o de un grupo de personas. Es un rescate, el fin de un castigo o de una maldición.

La redención incluye una negociación, una transacción. Solo se puede redimir o dejar libre a alguien si se negocia con el antiguo dueño y se conviene el precio para dejarlo libre.

Vamos un poco más lejos, al principio de los tiempos. Cuando el hombre fue creado, Dios le dio la libertad de obedecer o desobedecer las leyes que él le mandó. El hombre decidió desobedecer porque era libre de hacerlo y así se separó de Dios. Su comunión con Dios se rompió por causa del pecado.

El hombre quedó aislado de Dios y cayó bajo el dominio del mal representado por Satanás. A partir de allí, el ser humano ya no tuvo más libertad de decidir. Su vida estaba únicamente sujeta a lo que el enemigo quería que hiciera y a su propia voluntad egoísta.

Como Dios vio que el hombre no podía salir de esa situación, tuvo misericordia y decidió traerlo de vuelta a casa, a una relación de Padre – hijo con él. ¿Cómo hizo? Envió a Jesús a pagar el precio por la redención, la liberación de la humanidad. Pagó el rescate.

En la Cruz, Jesús pagó para que fueras libre de la esclavitud del pecado, de los vicios, del fracaso, de la depresión, etc.

Es urgente y necesario que te explique de qué nos rescató el Señor.

¿De qué nos redimió? Él nos rescató del poder de Satanás, del poder del pecado, del poder de la muerte. Pero también nos redimió de la maldición de la ley.

«Cristo nos rescató de la maldición de la ley.» Gálatas 3:13

¿Qué es la maldición de la ley? Dios estableció leyes y le ordenó a su pueblo que las cumpliera, pero si dejaba de cumplir uno solo de los mandamientos, se hacía culpable de todos.

Es como decir: Cruzaste el semáforo en rojo, te corresponde pagar como si hubieras atropellado a alguien conduciendo borracho. Todo el código de tránsito te condena.

Pero eso parece injusto. No si todos están de acuerdo con ese pacto.

Éxodo 24:3 Moisés descendió de estar con Dios y le repitió al pueblo todas las instrucciones y ordenanzas que el SEÑOR le había dado, y todo el pueblo respondió al unísono: «Haremos todo lo que el SEÑOR ha ordenado». 4  Entonces Moisés escribió cuidadosamente todas las instrucciones del SEÑOR, 7  Luego tomó el libro del pacto y lo leyó al pueblo en voz alta. Una vez más todos respondieron: «Haremos todo lo que el SEÑOR ha ordenado. Vamos a obedecer».  

Dios le dijo a su pueblo que, si no cumplía con todos los mandamientos, la maldición llegaría sobre ellos. ¿Qué maldición era esa? La maldición incluía enfermedad física, mental y emocional, pobreza de por vida y guerras, plagas y muerte temprana.

La Biblia dice que no hay una sola persona que no haya pecado alguna vez. Entonces todos están bajo la maldición de la ley de Dios. Por eso el planeta está como está.

Pero, quiero darte la buena noticia de que Jesús nos redimió de la maldición de la ley. Si tan solo crees en Jesús, la bendición empezará a fluir en tu vida de una manera especial.

Ahora, la enfermedad, la tristeza, el fracaso, no son más tu destino. Tu destino es estar sentado a la mesa del Señor, que es mesa de abundancia. Eso le dijo a sus discípulos en Lucas 22:29 

“Y, así como mi Padre me concedió un reino, yo ahora les concedo el derecho  30 de comer y beber a mi mesa en mi reino.”

Dios siempre está tratando de que lleguemos con fe y nos sentemos a su mesa con Él. Pero nosotros preferimos estar debajo de la mesa y contentarnos con las migajas que caen de ella. Es tiempo de salir de debajo de la mesa y reclamar las promesas de nuestra herencia por la fe. ¡Es tiempo de tomar nuestro lugar a la mesa del Señor!!

Las cosas no ocurren mágicamente. El Señor ya pagó el precio de tu liberación y ahora te corresponde vivir de acuerdo con eso.

Quiero contarte una historia que tiene que ver con eso.

El Rey David fue el sucesor de Saúl, el primer Rey de Israel. Cuando Saúl murió en una batalla, un hijo de Jonatán, quien era amigo íntimo de David, que se llamaba Mefi-Boset fue sacado de urgencia del palacio por una nodriza. El chico tenía 5 años y mientras huían el niño se cayó y quedó lisiado de las piernas.

David tenía todo el derecho de desterrar a los descendientes de Saúl, aún podía matarlos si quería, pero luego de unos años, se enteró que Mefi-Boset vivía y mandó llamarlo. Así lo relata la Biblia:

2Samuel 9:3  El Rey David preguntó un día: —¿Hay alguien de la familia de Saúl que todavía viva? De ser así, quisiera mostrarle la bondad de Dios. Siba le contestó: —Sí, uno de los hijos de Jonatán sigue con vida. Está lisiado de ambos pies.  4  —¿Dónde está? —preguntó el rey. —En Lodebar —le contestó Siba—, en la casa de Maquir, hijo de Amiel.  5  Entonces David mandó a buscarlo y lo sacó de la casa de Maquir.  6  Su nombre era Mefiboset; era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando se presentó ante David, se postró hasta el suelo con profundo respeto. David dijo: —¡Saludos, Mefiboset! Mefiboset respondió: —Yo soy su siervo.  7  —¡No tengas miedo! —le dijo David—, mi intención es mostrarte mi bondad por lo que le prometí a tu padre Jonatán. Te daré todas las propiedades que pertenecían a tu abuelo Saúl, y comerás aquí conmigo, a la mesa del rey.  8  Mefiboset se inclinó respetuosamente y exclamó: —¿Quién es su siervo para que le muestre tal bondad a un perro muerto como yo?  9  Entonces el rey llamó a Siba, el siervo de Saúl, y dijo: —Le he dado al nieto de tu amo todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia.  10  Tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, para que produzca alimento para la casa de tu amo. Pero Mefiboset, el nieto de tu amo, comerá aquí, a mi mesa. 11 A partir de ese momento, Mefiboset comió a la mesa de David, como si fuera uno de los hijos del rey.  

Mefi-Boset tenía un sentimiento de amargura por su destino. Como lisiado fue despreciado por la gente ya que se creía que una persona lisiada había sido maldecida por Dios. Además, había perdido todos los privilegios y derechos reales, las tierras, riquezas y honores. Su destino era estar escondido y esperar que alguien le diera algo de comer.

Él pensaba de sí mismo con un perro muerto. Pero ese día, la misericordia del Rey le trajo nueva vida. ¡David lo adoptó como a uno de sus hijos y lo invitó a comer de su mesa todos los días de su vida!

Le devolvió las tierras que eran de su abuelo, su herencia y puso a una persona a que cultivara la Tierra para él.

Los hijos de David veían todos los días a un nuevo integrante en la familia: Mefi-Boset. Alguien dijo alguna vez que la mesa del Rey tiene un mantel grande como para cubrir los pies lisiados de los que se sientan allí. La vergüenza está cubierta, la miseria llegó a su fin, la herencia está otra vez en donde corresponde y la maldición ya se fue para siempre. ¿Quién puede contradecir al Rey cuando dice “tú comerás siempre a mi mesa?”.

Los hijos de Dios nos quedamos en el pasado lamentándonos de nuestra suerte y diciendo todos los días “soy solo un perro muerto. Estoy dispuesto a ser un esclavo del Rey para tener, aunque sea unas migajas.”

Pero hoy el Señor te dice que quiere que comas a su mesa, no que estés debajo de la mesa esperando las migajas que caen de ella.

La herencia que creías perdida está por manifestarse. Hay alguien que ha decretado la bendición sobre tu vida, la redención de la maldición de la pobreza y la mentalidad de salario.

¿Qué es la mentalidad de salario?

Es la mentalidad de aquel que hace girar su vida alrededor de lo que cobra de salario. Nunca llega, nunca alcanza, se amarga, se frustra y se enoja con Dios. Eso no puede ser porque Dios ya hizo la obra para que vivas una vida de abundancia.

¿Sabías que en casi todo el mundo al salario básico de un empleado soltero se llama salario mínimo, vital y móvil? Hoy en argentina ese salario es la mitad de lo que cuesta la canasta básica de pobreza. ¡La mitad! ¿Qué tiene de vital ese salario? Debería llamarse salario mínimo, mortal e inmóvil. ¿Quién dicta lo que vales? Ese salario se negocia entre sindicatos, gobiernos y empresarios y entonces ellos deciden que vivirás con la mitad de lo que necesitas para sostenerte.

El decreto del gobierno nacional dice que el salario mínimo, vital y móvil es “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.

¡Qué diferencia con Jesús que dijo que Él nos dio un reino y que tenemos el derecho de sentarnos todos los días a su mesa!

Para la mayoría de los argentinos, el salario no les alcanza para una alimentación adecuada, vivienda digna, educación, ropa, obra social, transporte, esparcimiento, vacaciones y aportes jubilatorios. Pero el decreto dice: “de modo que le asegure” todo eso.

Bueno, no quiero meterme en temas políticos, pero creo que ningún gobierno es capaz actualmente de asegurarme todos esos beneficios con un sueldo mínimo. ¿Quién puede, entonces, hacerlo? Solo Dios puede.

Tienes que poner tu mente en modo “dependo solo de Dios” y no en modo “dependo de mi salario”. No te enojes con el gobierno, ellos pueden tener buenas intenciones, pero no tienen los recursos. EN cambio, los recursos de Dios son ilimitados.

ÉL dijo: “Su Padre celestial ya sabe de qué cosas tienen necesidad antes que se la pidan”.

En el Cielo no hay recesión ni inflación ni dólar paralelo. La única moneda que se usa es la fe.  

Tu mente de salario te amarga. Pero la mente puesta en las cosas del Espíritu trae como consecuencia vida y paz.

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