La ira congelada (Última parte)

DEPRE

La depresión es el resultado de conflictos que surgen a partir de la negación de algo que se desea, la incapacidad de obtenerlo por demandas irreales, o por pérdidas que no llegan a aceptarse totalmente. El resultado es una sensación de fracaso, de abatimiento, de impotencia y desconcierto. Se cae en un pozo donde no se ve la luz.

CONDICIONES QUE HACEN ESTALLAR LA DEPRESIÓN

  • La desilusión por no lograr algo o una pérdida.
  • Pérdida de la confianza en una persona que ha fallado en darnos amor, apoyo, aprobación.
  • Los sentimientos de hostilidad e ira, las ganas de vengarse, de expresar violencia  que generan las anteriores cosas y que no se pueden llevar a cabo porque son acciones demasiado malas.
  • La muerte de un ser querido, fuente de amor y de apoyo.
  • La muerte de alguien a quien le teníamos bronca y que puede traer sentimientos de culpa por haber abrigado esos pensamientos.
  • El fin de la etapa del trabajo, la jubilación.

La depresión es el resultado de intentar controlar los impulsos hostiles y violentos que genera la pérdida o la desilusión. Al no poder la persona expresar correctamente sus emociones, sus sentimientos, éstos se vuelven internos y se instalan en el inconsciente.

Son muy importantes para el deprimido quienes lo acompañan en este proceso. La ayuda profesional orientada a que la persona puede expresar sus emociones, sentimientos y hasta hostilidad, pueden ser muy beneficiosas.

La Biblia dice:

“Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano”  Salmo 32:3-4

El estado de la persona que escribió este Salmo es de tristeza, angustia y depresión porque no podía resolver un asunto con Dios. Había fallado, había pecado y no había confesado su pecado. El silencio, el no hablar del asunto, lo estaba enfermando.

La persona deprimida se va del mundo para no enfrentarlo. Al retirarse, se da cuenta que el mal está en él, se censura y se condena.

Si estás pasando por una condición parecida, no tardes en hablar con la persona adecuada, pero especialmente habla con Dios, quien te conoce desde antes que nacieras. Solo Él puede escuchar sin condenar, sin censurar. Sé sincero con tus sentimientos expresándolos sin reprimirte porque ahí está el secreto de tu sanidad emocional.


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