La ira congelada (3ra parte)

perfeccionismoLa persona con rasgos de depresión tiende a comportarse de manera excesivamente correcta y restringida. Toma la vida demasiado en serio y casi nunca se la ve riendo a carcajadas porque ha perdido la espontaneidad. Es muy meticuloso, detallista, perfeccionista.

¿Por qué se vuelve una persona así? Porque cree necesario ver un orden en algún aspecto de su vida que por dentro está hecha un total caos. Al no poder arreglar su interior, trata de arreglar el exterior y así disimular su lucha. Para esta persona, como para cualquiera, sentirse bien es una necesidad fundamental. Encuentra en el orden, la limpieza, la perfección, su fuente de alegría. Así ganan la aprobación de los que ven su trabajo tan esforzado y suple por un momento la necesidad de aceptación que tanto anhela.

TRABAJADORES COMPULSIVOS

La persona con rasgos depresivos puede trabajar mucho y asumir muchas responsabilidades. Se jacta de su capacidad de trabajo y de sus éxitos, porque los tiene. Es esclavo del trabajo y le va bien en eso. Ahora, es muy difícil llevarse bien con él porque sus estándares de trabajo son muy altos y vive sufriendo a los demás que no trabajan a su ritmo o su nivel de excelencia.

Al ser resistidos y rechazados por su nivel de exigencia y perfección, se vuelven más intolerantes y se vuelcan más a su obsesión.

EL AMOR HACIA LAS COSAS

Como mantiene alejados a sus amigos y familiares, se vuelca al amor por las cosas. Le dan su cariño, su dedicación como por ejemplo aquellos que viven para sus autos. Los limpian, los lustran, los cuidan de manera extrema porque los autos no pueden decir nada, no pueden rechazarlos, menospreciarlos o desobedecerlos.

Lo mismo sucede con el amor extremo por las mascotas, que llegan a ser sus amigos y hasta sus hijos ficticios.

HAMBRE DE AMOR

En el fondo, estas personas buscan dos cosas que parece que nadie puede darles: amor y aceptación. Tienen un deseo desesperado por cariño pero la buscan en el lado incorrecto.

En la Biblia, el Salmo 42:1-2 dice:

1 Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así te anhelo a ti, oh Dios. 2  Tengo sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo podré ir para estar delante de él?

Esta poesía expresa el dolor por la pérdida de las buenas cosas de la vida, pero está dirigida a Dios quien puede suplir y actuar para que las cosas cambien. La queja y el dolor están bien dirigidas hacia su Padre Eterno. ¿Por qué no haces lo mismo si estás en esta situación de angustia? Ora al Señor para que Él tome el control de la situación y veas la luz al final del túnel. ¡Así sea!


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