El amor, ¿Cuál es la clave? (tercera parte)

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Tener el amor de Dios en nuestro corazón nos libra de una de las maldades más destructivas: la envidia.

La envidia es ese sentimiento de amargura por la prosperidad o el avance de otra persona. Un test muy sencillo para detectar si la envidia ha invadido tu corazón es recordar cómo te sientes cuando alguien te cuenta sus éxitos o que se ha comprado algo que tú deseabas pero no has podido alcanzar. ¿Es alegría por lo bueno que le sucede al otro o es amargura y rabia?

¿Por qué la envidia es mala?

1.LA ENVIDIA COMPITE

La persona envidiosa se compara con otros al creerse merecedor de una mejor suerte. Piensa que no es justo que a otros le vaya bien porque él o ella es una mejor persona o una buena persona que se lo merece. La amargura es el resultado de compararse con otros.

Los que hemos conocido a Dios sabemos que Él nos ama con amor eterno, por lo tanto somos personas únicas para Él. EL Señor conoce nuestras necesidades y nuestros deseos y el quiere cumplirlos… a su debido tiempo. No somos igual a los demás así que si esperamos con fe y paciencia, obtendremos no solo lo que queremos sino también lo que no sabíamos que necesitábamos.

2. LA ENVIDIA NOS EXPONE.

Cuando sentimos amargura por lo que otro logró, nos damos cuenta qué deseaba nuestro corazón. Si sufrimos por lo que tienen los demás, esas cosas llenaban nuestro corazón. Nuestra alegría y satisfacción dependen de obtener lo que deseo en vez de depender de nuestra relación con la fuente de gozo que es el Señor.

¿Qué llena tu corazón, qué te da alegría, cuál es la fuente de vida para ti? Si son las cosas que todavía no tienes, o la realidad que todavía no vives, te vas a amargar cuando otros la alcancen. Pero si tu fuente es el Señor, el te saciará completamente sin que tengas ninguna necesidad.

3. LA ENVIDIA ACTÚA

La amargura que causa la envidia termina siendo dañina para la otra persona que ha llegado a tener lo que nosotros anhelábamos. Eso es así porque nuestro deseo frustrado se transforma en una oración para que el otro pierda lo que obtuvo. Si esa persona tuvo un éxito en su trabajo, desearíamos que lo pierda, si pudo comprar algo de valor, desearíamos que se rompa, etc. Nunca lo diremos abiertamente, pero muchas veces los seres humanos nos alegramos por la calamidad de otros. Eso es envidia.

Todo pensamiento es una oración que alguien oye y responde. Si tus pensamientos perseveran en el Señor, tendrás paz. Si tus pensamientos son de amargura, el enemigo tomará esos pensamientos y los usará en contra de aquel a quien le tienes envidia.

LLENA TU CORAZÓN DEL AMOR DE DIOS

Un buen consejo es dar gracias a Dios por la prosperidad de otros y confesar que tu Padre Celestial sabe de qué cosas tienes necesidad y te las dará a su debido tiempo. Sé agradecido con lo que tienes ahora y siempre espera lo mejor de Dios sin compararte con otros. ¡Así sea!


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