SEGUIDORES Y DISCÍPULO

LA CRUZ DE CRISTOCuando Jesús estuvo en esta tierra, tuvo muchos seguidores y simpatizantes. Multitudes lo seguían para ver y recibir sus palabras y los milagros que hacía. Él los alimentó en dos oportunidades cuando eran una multitud de más de 20.000 personas. ¿Quién no seguiría a alguien así? La gente lo amaba, pero Jesús tuvo que hablarles directamente con la verdad, porque Él no había venido a hacer seguidores o simpatizantes, sino discípulos.

Lucas 9:23 Después dijo a todos: –El que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.  24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.

¿QUÉ ES UN DISCÍPULO?

Un discípulo es alguien que sigue a su maestro. No es simplemente un alumno. Es un aprendiz que ve a su maestro cómo vive en todas las áreas y lo imita en su conducta y vivencias. Los discípulos de Jesús lo seguían a todos lados, comían con él, dormían con él y tenían una intimidad que les permitió ver de primera mano la vida recta y sin pecado de Jesús.

LOS REQUISITOS

Las multitudes que seguían a Jesús no eran sus discípulos, y Él no vino a hacer seguidores, sino discípulos. El plan de Dios era llevar muchos HIJOS a la Gloria, no a simpatizantes o seguidores. Ser discípulos de Jesús tenía sus exigencias y Jesús se las dijo claramente. Claro, cuando Jesús les dijo los requisitos para ser admitidos como discípulos, las cosas se volvieron bastante serias. ¿Cuáles eran esos requisitos? Veamos:

  1. “NIÉGUESE A SÍ MISMO”.

Para poder seguir a Jesús, tenemos que olvidarnos de nosotros mismos para que Él pueda trabajar con nosotros. Tenemos que nacer de nuevo para poder ver Su Reino. Dios no pone parches sobre una vida vieja. Él hace todo nuevo y para eso tenemos que renunciar a nuestra vieja manera de vivir.

  1. “TOME SU CRUZ CADA DÍA”

La cruz era un instrumento de muerte creado por el Imperio Romano para los ladrones y asesinos. Cuando Jesús les dijo a sus seguidores que debían tomar la cruz cada día, les estaba diciendo que debían morir a sus vidas personales cada día para llegar a hacer la voluntad de Dios. Hay una ley en el Reino de Dios que dice: “Mi poder se perfecciona en tu debilidad” (2Corintios 12:9). Cuando soy débil, entonces soy fuerte porque Dios puede trabajar en mí y a través de mí. Dios no puede trabajar con una persona viva, sino con una crucificada. Un crucificado permanece inmóvil en la cruz. Pablo lo tenía muy claro cuando dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí.” (Gálatas 2:20)

  1. Y SÍGAME.

Cada día debemos considerar nuestra vida como nada delante de Dios y seguir a Jesús en sus pisadas y ejemplo que nos dio mientras estaba en este mundo y esperar la revelación de su voluntad a través de la oración, de la lectura de la Biblia y de la concurrencia a la Iglesia. Solo así, estaremos en condiciones de ser aceptados como discípulos de Aquel que también llevaría la Cruz para salvarnos.

PÉRDIDAS Y GANANCIAS

Jesús da las razones por las que estableció estos requisitos:

Porque si queremos salvar nuestra vida, o sea, seguir viviendo como queremos, esperando que Dios nos ayude de vez en cuando, perderemos la vida de abundancia y bendición sobrenatural que Dios tiene preparada para nosotros.

Pero, si cada día perdemos nuestra vida, o sea, dejamos nuestras aspiraciones humanas y buscamos solo la voluntad de Dios, entonces hallaremos esa vida que Jesús tiene lista para ser manifestada en nosotros.


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